sábado, 15 de enero de 2011

Por la vida y la dignidad de los seres humanos Cap 1




Cp 1
El CENTRO DEL EVANGELIO





            Desde hace más de treinta años, lo mismo los especialistas en el estudio de los evangelios sinópticos que los entendidos en cristología están generalmente de acuerdo en que el centro del mensaje de Jesús es lo que él quiso enseñar cuando anunció el Reino de Dios. En este sentido, W Trilling dijo acertadamente que:

El Reino de Dios es la recapitulación o compendio del mensaje evangélico

            Y recientemente, recogiendo las investigaciones sobre los evangelios a este respecto, se ha dicho, con razón, que para la mayoría de los investigadores, el origen y el contenido central de la proclamación de Jesús, en su totalidad, están deter­minados por el Reino de Dios, incluso en textos donde no aparece el tér­mino Basileía.




1.1.Los sumarios de los Evangelios

       Lo que acabo de decir se basa, en primer lugar, en un dato estadísti­co que resulta elocuente por sí solo: la palabra Basileía (Reino o Reina­do) aparece 162 veces en el Nuevo Testamento, pero de tal manera que en 121 ocasiones se encuentra en los evangelios sinópticos, distribuida así: 20 veces en Mc, 55 en Mt y  46 en Lc. En los demás autores del Nue­vo Testamento, se habla del Reino en casos muy contados, de forma que, en todo el "Corpus Paulino", se hace mención de este término solo 14 veces.   
Pero más elocuente que la frecuencia, con que se habla del Reino en los evangelios, es la importancia que los mismos evangelios dan a este asunto.
El evangelio de Marcos resume así el mensaje de Jesús en Galilea:

Se ha cumplido el plazo, ya llega el Reino de Dios. Convertíos y creed la buena noticia
                                                                                                      Marcos 1, 15.
Estas palabras son el sumario que condensa lo que Jesús, no sólo repetía de distintas mane­ras en su predicación, sino, además, lo que transmitía con su vida ente­ra, con sus hechos y su manera de comportarse en aquella sociedad, como veremos detenidamente más adelante.
Con otras palabras, el sumario, que presenta el evangelio de Mateo, viene a decir lo mismo:

Jesús recorría Galilea entera, enseñando en aquellas sinagogas, proclamando la buena noticia del Reino y curandotodo achaque y enfermedad del pueblo
                                                                                                                                              Mateo 4, 23.
           
            Aquí se hace men­ción, no sólo de lo que decía, sino también de lo que hacía. Porque, repito (y es decisivo tener esto muy claro desde el primer momento),
           
Jesús comunicó lo que significa y representa el Reino, no sólo con sus palabras, sino además con su vida entera.
           
            Y en el capítulo nueve, Mateo vuelve a presentar otro sumario en el que sintetiza la enseñanza y la tarea de Jesús:

            Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad
                                                                                                                                                         Mateo 9,35.

            Por último, en el evangelio de Lucas, hay dos textos que resumen muy bien lo mismo que afirman Marcos y Mateo: en el capítulo cuarto, después de haber curado a mucha gente en Cafarnaún (Lc 4, 40‑41; cf‑ v. 31)

Intentaron retenerlo para que no se les fuese" (4, 42). Pero él les dijo:
 "También a otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, porque para eso he sido enviado" (4, 43).
Y al comienzo del capítulo ocho, Lucas vuelve a presentar un sumario, en el que resume lo que Jesús enseñaba y cómo lo enseñaba:
"Después de esto fue caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea procla­mando la buena noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María Magdalena, de la que había echado siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayuda­ban con sus bienes (Lc 8, 1‑3).

Pero conviene indicar algo más sobre estos sumarios. Es claro que, por el hecho mismo de lo que son, meros "sumarios", se puede pensar que no merecen demasiado crédito como fuentes de información histó­rica. Sin embargo, esta apreciación de conjunto debe ser matizada con­venientemente.
En este sentido, ya E. Klostermann hizo notar, refirién­dose al texto de Mt 4, 23‑25, que Mateo toma este sumario "como mo­tivo u ocasión para un relato de conjunto de toda la enseñanza y cura­ciones de Jesús. Es decir, no se trata de que la declaración sumarial del evangelista no merezca crédito. Lo que ocurre es que, antes de narrar hechos concretos, el autor del evangelio ofrece una visión de conjunto de lo que después va a contar detalladamente. Por eso, U. Luz dice, con razón, que Mateo compone un sumario sintético antes de referir deta­lles de la enseñanza y de la actividad curativa de Jesús.  Los numerosos pasajes que adoptan de nuevo este sumario (además de 9, 35, también 8, 1. 16; 12, 15 s; 14, 35; 19, 2) producen la impresión de lo típico".
Y esto quiere decir que Mateo no intenta ofrecer una exposición histórico‑biográfica de la actividad de Jesús. Propone más bien un cuadro general que particulariza después en ejemplos concretos. En el mismo sentido, J. D. Kingsbury afirma que los sumarlos de Mt 4, 23 y 9, 35 son la suma de la actividad mesiánica de Jesús.
En definitiva, se trata de una repetición de Mt 4, 17, donde Mateo presenta una suma sucinta del Evangelio de Jesús. Se trata de lo mismo que sugiere Mt 10, 7, cuando Jesús envía a los discípulos a la “misión”. De ahí que, de manera muy resumida, Walter Grundmann ha sintetizado el valor de los sumarios diciendo que "son declaraciones o exposiciones (Aussagen) que tienen para la comunidad una especial significación".
Lo que en ellos se cuenta no es una invención del evangelista, sino una relación o exposición resumida de la predicación y la actividad de Jesús.  0, en otras palabras, son como una declaración o afirmación de las siguientes obras de Jesús.
Por todo esto se comprende la importancia que tiene, para la inteligencia total del Evangelio, el sumario inicial de Mc 1, 14‑15, que "narra anticipadamente el relato".
Por eso se encuentran en este sumario los significados teológicos centrales del evangelio de Marcos:

"entrega" (paradothinal),
"predicación" (kerysson),
"buena noticia" (euaggetíou),
"plenitud del tiempo" (peplérotai ó kairós),
"Reino de Dio? (Basíleía toí2 Theoí2),
"conversión" (metanoeyte),
"creer" (pistedete) .




1.2. Lo central del mensaje

Lo primero que se puede decir, después de leer los textos que acabo de citar, es que los tres evangelios sinópticos, cuando quieren presentar en pocas palabras lo más esencial de la predicación y la vida de Jesús, lo resumen en la fórmula:
"el Reino de Dios".
Por eso, en los evangelios aparecen hasta cinco sumarios (Mc 1, 15; Mt 4, 23; 9, 35; I.c 4, 43; 8, l), en los que se sintetiza lo que dijo y lo que hizo Jesús. Y la síntesis es clara: se trata del Reino de Dios. De ahí que, con toda razón, se ha podido decir que:

"en los evangelios sinópticos, la Basileía toú Theoú (el Reino de Dios) es el tema central de la predicación del Jesús terreno".

 Incluso autores que han intentado tender un puente entre Jesús y el judaísmo, como es el caso de Geza Vermes, no dudan en afirmar que la quintaesencia del kérygma o predicación tanto de Juan el Bautista como de Jesús era la inminencia, la naciente presencia en realidad, del Reino de Dios (cf. Mt 3, 2; 4, 17; Mc 1, 15).

Por lo tanto, el centro del men­saje de Jesús no es Dios en sí mismo; ni es Jesús en sí mismo. Es decir, Jesús no se dedicó a hablar (y menos aún, a especular) sobre Dios o sobre él: sus cualidades, sus derechos, su dignidad, etc. Esto es cierto hasta tal punto que, como sabemos, Jesús nunca se dirige a Dios como "Rey". Con lo que se plantea la sorprendente situación de que un maestro reli­gioso, cuyo mensaje se centra en la predicación del Reino de Dios, elude deliberadamente, incluso en las oraciones en las que parecería de lo más natural, la aplicación de la metáfora regia de uso común para la Deidad".



Así pues, Jesús lo centró todo, no en Dios, sino en el "Reino de Dios.

                        Es verdad que, en esta fórmula, la palabra Dios está en genitivo. Y, según dicen los expertos, se trata de un genitivo explicativo, de manera que el Reino de Dios se identifica con Dios, bajo un punto de vista: el de la actuación de Dios en el mundo. Lo cual quiere decir, como ha indicado acertadamente J. Sobrino, lo siguiente:

No está en discusión, por supuesto, que jesús predicó y habló de Dios como Padre, y que ese Padre fue última referencia personal suya y que ofreció también a otros. Pero lo que ahora se trata de recalcar es que, para jesús, incluso "Dios" es visto dentro de una totalidad más amplia: "el Reino de Dios"'.

Esto significa que lo central, en el mensaje de Jesús, no es Dios, no es Jesucristo, sino las mediaciones en las que los seres humanos podemos encontrar a Dios y a Jesucristo.

Dicho de otra manera, lo que Jesús quiso dejar claro, antes que nada, es dónde y cómo podemos nosotros encontrar al Dios que el mismo Jesús nos vino a revelar.
Porque el verdadero problema, cuando está en juego el asunto de Dios, no consiste en tener unas ideas muy claras sobre Dios y sobre Jesús (por muy importante que eso sea), sino :
“en encontrar al Dios de Jesús "donde" ese Dios está realmente y "como" ese Dios quiere realmente que nos relacionemos con Él. ”

Y Dios está "donde" se hace presente el Reino de Dios; y a Dios se le encuentra "corno" el Reino de Dios nos enseña que hay que encontrarlo.

Más adelante veremos las consecuencias decisivas que esto lleva consigo.




1.3. Reino de Dios y Evangelio

                        Por otra parte, se comprende mejor que el Reino de Dios es el centro del Evangelio, cuando se cae en la cuenta de la identiricación (que establecen los tres sinópticos) del Reino de Dios con el Evangelio. Esta identificación aparece ya en Mc 1, 14‑15, donde se encuentra dos veces la palabra euaggétion ("buena noticia' que se entiende en relación al Reino de Dios anunciado y realizado por la obra de Jesús". Mateo profundiza aún más esta coincidencia del Evangelio con el Reino. Porque repite, hasta tres veces, la fórmula "el Evangelio del Reino" (euaggélion tis basileías) (Mt 4, 23; 9, 35; 24, 14), lo que significa que, para Mateo, la "buena noticia (Evangelio) del Reino es el sumario que resume toda su obra. Teniendo en cuenta dos matizaciones importantes.

En primer lugar, esta identificación entre el Evangelio y el Reino nos remite a la predicación del Jesús terreno, es decir, el mensaje del Reino no es una elaboración de la comunidad post pascual, sino que expresa lo más nuclear que quiso comunicar Jesús durante su vida mortal.
En segundo lugar, Mateo utiliza la palabra “Evangelio” y, por tanto, también “Reino”, para expresar, no sólo lo que Jesús predicaba, sino también sus obras, como consta por lo que se dice en Mt 26, 13.      Es decir, lo del Reino de Dios no es sólo cuestión de una enseñanza doctrinal, sino juntamente con eso es también una forma de actuar, un comportamiento, que, como vamos a ver, desencadena unas consecuencias. Por último, la identificación del Evangelio y el Reino está atestiguada también por Lucas, en el sumario que este evangelista presenta de lo que Jesús enseñaba y cómo lo enseñaba: "Después de esto (Jesús) fue caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea proclamando la buena noticia del Reino de Dios (Lc 8, l). Y a continuación, el mismo evangelio añade que Jesús realizaba esta tarea acompañado por los "Doce" y por muchas mujeres, de las que algunas habían estado endemoniadas y enfermas (Lc 8, 2‑3).
Otra vez se afirma que el Evangelio consiste (por lo menos) en la realización del Reino de Dios. Y no es una casualidad (lo veremos más adelante) que el evangelio de Lucas nos recuerde que Jesús presentaba eso haciéndose acompañar precisamente, no sólo por los "Doce", sino además por bastantes mujeres, cosa que, en aquella sociedad, tenía que sorprender y escandalizar, sobre todo si tenemos en cuenta que algunas de aquellas mujeres eran personas relacionadas con el pecado y con el c1emonio.

Por consiguiente, lo primero que se ha de tener presente, cuando hablamos del Reino de Dios, es que este asunto está en el centro mismo del Evangelio.
Hasta el punto de que el Evangelio consiste, en su núcleo más esencial, en la realización del Reino que anunció Jesús.
Y hago no­tar, desde ahora, que intencionadamente hablo de "realización", no sim­plemente de "predicación".
Porque el Reino que presentó Jesús, no se reduce a una doctrina, una enseñanza o una teoría. También la actuación de Jesús, lo que hacía y cómo lo hacía, las personas con quienes convivía y, naturalmente, las reacciones que todo eso provocaba, son cosas indís­pensables, enteramente esenciales, para enterarse de lo que el Evangelio nos enseña cuando habla del Reino de Dios. Todo lo cual, en última ins­tancia, nos viene a decir que al Dios de Jesucristo, y a Jesucristo mismo, los podemos encontrar y relacionarnos con ellos, en la medida, y sólo en la medida, en que encontramos el Reino de Dios y ponemos en prácti­ca lo que esté a nuestro alcance para que ese Reino se haga presente aquí y ahora. Esto es lo que constituye el centro del Evangelio, según lo que nos enseñan los sinópticos.
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