sábado, 15 de enero de 2011

Por la vida y la dignidad de los seres humanos Cap 3




Cp 3
EL YUGO DE LA LEY

                                                                                                                                 


Las esperanzas de los contemporáneos de Jesús

Cuando se intenta precisar, más en concreto, qué pretendió comunicar Jesús cuando centró todo su mensaje en el Reino de Dios, es frecuente empezar recordando las esperanzas de los contemporáneos de Jesús, ya que el Reino de Dios sería, sin duda, la respuesta a tales esperanzas.

Así, por ejemplo, José Luis Sicre enumera acertadamente los diversos niveles en los que se situaban tales esperanzas:
a.       El nivel políticosocial,
b.    el religioso,
c.    el existencial y
d.    el apocalíptico .

Todo esto, por supuesto, se debe tener en cuenta. Pero con tal que nunca perdamos de vista que el mensaje del Reino de Dios era un mensaje "religioso". Y que, por tanto, respondía a esperanzas "religiosas", tal como esas esperanzas se planteaban en la sociedad y en el tiempo de Jesus, no varios siglos antes, ni tampoco algunos años después, sobre todo a partir del año 70, cuando Jerusalén fue arrasada por los romanos y, con ello, cae el poder sacerdotal y se impone la influencia determinante de los rabinos, los Doctores de la Ley.

Esto supuesto, la pregunta que hay que hacerse es la siguiente:
¿qué esperaban los judíos del tiempo de Jesús cuando pensaban en el Reino de Dios?
Desde luego, está fuera de duda que los contemporáneos de Jesús esperaban, con vivos deseos, la venida del Reino de Dios.
Porque, para aquellas gentes, "con la instauración de este Reino alcanzaría la idea de la soberanía de Dios sobre Israel su verdad y realidad plenas. Dios, por supuesto, era rey de Israel, pero no ejercía aún su soberanía en medida plena".
Por eso se anhelaba, con tal fuerza, la llegada del Reino. Pero la pregunta es:
¿cómo tenía que realizarse este Reino?
¿qué condición se exigía como absolutamente necesaria para la venida del Reino?


El cumplimiento de la Ley

Una cosa hay clara, como indica E. Schürer: "Un israelita no podía concebir el latreiein The6 (el culto a Dios) sino en forma del culto oficiado en el templo y como observancia de la Torá (Ley), por lo que no es preciso decir que ambas cosas se mantendrían durante el reinado del Mesías.
Tal es, en todo caso, la opinión generalmente aceptada. Por consiguiente, es seguro que los judíos del tiempo de Jesús pensaban que el Reino de Dios tenía que incluir necesariamente el cumplimiento más exacto de la Torá (la Ley divina). Pero aquí no vendrá mal hacer una observación importante. No se trata de que, en el judaísmo del tiempo de jesús, se identificara la realización del Reino de Dios con el cumplimiento de la Ley. Porque eso empobrecería la idea que los contemporáneos de jesús tenían sobre el Reino. Lo que sí es cierto es que, en la religiosidad de aquellas gentes, se tenía el convencimiento de que la condición necesaria para la llegada del Reino de Dios era el sometimiento fiel a la Ley.

En efecto, en la literatura rabínica antigua, el Reino de Dios está íntimamente relacionado, no sólo con el exacto cumplimiento de la Torá, sino, más en concreto, con la aceptación del "yugo de los mandamientos", de manera que la conexión entre el "yugo" y el malkit simajim (Reino de los Cielos) es frecuente en los escritos de los rabinos antiguos, cosa que está sobradamente atestiguada. Pero, al citar esta fuente de información, es necesario tener presente que en ella hay textos que pueden ser posteriores al año 70, por tanto, posteriores al tiempo de Jesús. Por eso, en este punto concreto, lo que interesa es saber si, a principios del siglo primero, se pensaba ya en que el Reino de Dios vendría cuando el pueblo se sometiera plenamente al "yugo de la Ley".
Ahora bien, en este sentido, tenemos un testimonio bastante seguro. Se trata de los Salmos de Salomón, que se encuentran entre los apócrifos del Antiguo Testamento, concretamente en el salmo 17, 1. Los Salmos de Salomón son un conjunto de 18 salmos, de origen oscuro. Se suele admitir que proceden de los fariseos, aunque recientemente se ha cuestionado esta procedencia. El salmo 17, según la teoría más aceptada, fue escrito en los años 63‑60 a.C. El tema central de este salmo es que Yahvé es el único rey de Israel. Es decir, el salmo expresa lo que las gentes piadosas y observantes del tiempo de Jesús esperaban cuando pensaban en el Reino de Dios o hablaban de él. Esto supuesto, los vv. 22‑25 de este salmo describen la purificación que llevará a cabo el esperado Mesías. Y lo hacen utilizando siete verbos de gran dureza, que tienen por objeto a:

 "pecadores", "paganos", "extranjeros", "naciones impías.

Los verbos son

"quebrantar", "purificar", "expulsar", "quebrar", "machacar", "aniquilar", dejar convictos.

Por tanto, según la piedad judía del tiempo de Jesús, la labor del Mesías tendría que ser destructiva contra todo lo que se consideraba como pecado, infidelidad, paganismo.
Pues bien, en este contexto de ideas, el v. 30 del salmo 17 dice así: "Obligará a los pueblos gentiles a servir bajo su yugo; glorificará al Señor a la vista de toda la tierra y purificará a Jerusalén con su santificación, como al principio". Por consiguiente, ya en tiempo de Jesús, en la piedad popular se tenía la convicción de que el Reino de Dios se realizaría cuando las gentes se sometieran al "yugo". Es verdad que esta palabra, en el contexto del Salmo 17 de Salomón, no se refiere directamente al "yugo de la Ley", sino al sometimiento a Dios.
Pero sabemos que, en el lenguaje figurado del Antiguo Testamento, el "yugo" significa, entre otras cosas, el sometimiento a los mandamientos de Dios. De ahí que los pecadores son los que rompen el yugo del Señor Jr 2, 20; 5, 5).
Pero, antes que en los Salmos de Salomón, estas ideas ya se encuentran en el Libro de los Jubileos, de mediados del siglo 11 antes de Cristo. En este libro (50, 9‑1 l), se describe el sábado como "un día del Reino santo eterno". En otras palabras, la abstinencia sabática de "todo trabajo de las ocupaciones de los hijos de los hombres", y una dedicación plena al culto por medio de ofrendas de incienso y de dones y sacrificios en el santua­rio, simbolizan y logran místicamente el Reino de Dios en la tierra". Es decir, el sometimiento a lo que Dios manda era considerado, durante la etapa sumamente creativa de la literatura judía que se inicia con el perí­odo macabeo, como la condición indispensable para lograr el Reino de Dios en la tierra". Igualmente, en la literatura rabínica, a juicio de una autoridad en esta materia como es Geza Vermes, junto a la cuestión teó­rica relacionada con la naturaleza del Reino de Dios, los rabinos tenían que afrontar también el problema práctico de cómo se podían relacionar con él los individuos, cómo debían asumir "el yugo del Reino de los Cielos" ('ol malkhut shamayim) ". La respuesta era que el primer acto reli­gioso y el más importante era el reconocimiento de la soberanía de Dios, de manera que eso tenía prioridad sobre el cumplimiento de los precep­tos de la Torá. Pero lo interesante aquí es ver cómo formulaba esta cues­tión Rabí Yehosúa ben Qorjá, refiriéndose al Shema', la profesión de fe y plegaria fundamental de todo israelita. El texto de Rabí Yehosúa dice así: "¿Por qué el "Oye Israel precede a "ocurrirá si obedecéis?" Para que cada cual acepte primero el yugo del Reino de los Cielos y después el yugo de los mandamientos.
            Igualmente, en la liturgia de la sinagoga, se rezaba, probablemente antes del año 70, la oración conocida como "Reinos" (malkhuiyot o malkhuyot), una colección de diez versículos bí­blicos significativos, que incluía ante todo tres versículos de la Torá (Ex 15, 18; Nm 2 3, 2 1; Dt 3 3, 5). De nuevo nos encontramos con la cone­xión entre el Reino y el sometimiento a la Ley. Más aún, esta relación entre el Reino y el yugo de la Ley está atestiguada en una oración judía, que se data en la primera mitad del siglo III, pero que, en su contenido sustancial, es mucho más antigua, ya que representa la concepción del Reino de Dios desde el comienzo de nuestra era, cosa que está fuera de duda. La oración habla literalmente del "yugo de tu soberanía (reino)", como está escrito en la Ley" II.
            Por último, el mismo planteamiento se encuentra en Qumrán; por ejemplo, en las “Plegarias cotidiana”, se relaciona «la ley que ordenaste por mandato de Moisés con "su Reino de sacerdotes y su pueblo santo (4Q 506, 131‑132).
Pero no sólo en la literatura judía del tiempo se utiliza la metáfora del yugo. Sabemos que Jesús la utilizó también (Mt 11, 29‑30). Y los recientes comentarios al evangelio de Mateo explican este texto en el sentido de una referencia clara al Reino de Dios, que implica la subver­sión del sometimiento al yugo que presentaban los escribas y fariseos como condición indispensable para la llegada del anhelado Reino".
En cualquier caso, esto quiere decir que Jesús da por conocida la metáfora del sometimiento a Dios mediante el yugo. Y si el evangelio de Mateo añade que se trata de un yugo "suave", es decir, agradable a la hora de usarlo (chrestós), eso quiere decir obviamente que el yugo que proponían escribas y fariseos resultaba pesado y hasta intolerable.
Por eso, se ha dicho con razón que Mateo expresa aquí cómo concibe Jesús "el futuro del Reino de Dios. Por lo demás, no sólo en el evangelio de Mateo, sino además por Hch 15, 10 (cf. 15, 5) y Ga 5, 1, nos consta que la Ley divina se entendía, en el judaísmo del tiempo, como el "yugo" que los israelitas tenían que llevar. Además, en la literatura de entonces, el “yugo” era de por sí una imagen frecuente en relación con la esclavitud.
Por lo tanto, es seguro que los judíos contemporáneos de Jesús, especialmente los escribas y fariseos, esperaban la venida del Reino de Dios cuando el pueblo se sometiera al yugo de la Ley.
 Es decir, sin duda alguna, al pueblo se le enseñaba que el Reino vendría cuando todos se sometieran al yugo de las observancias legales. Y eso significa que la esperanza que las gentes de aquel pueblo podían tener, estaba condicionada fundamentalmente por la idea de un sometimiento incondicional a los fardos pesados que cargaban en las espaldas (Mt 23, 4) del pueblo (óchlos) (Mt 23, 1) los escribas y fariseos (Mt 23, 3). Y con eso, aquellos presuntos dirigentes, en realidad, lo que hacían era cerrar "a los hombres el Reino de Dios (Mt 23, 13), tal como Jesús lo entendía.
Porque, como enseguida vamos a ver, Jesús presentó el Reino de manera que aquellos dirigentes no lo podían entender, ni estaban dispuestos a aceptarlo. De ahí que, como antes dije, lo mismo el Reino de Dios que el conflicto son dos realidades centrales en los evangelios y, por tanto, en la vida de Jesús. Lo cual quiere decir que el Reino y el conflicto están determinados el uno por el otro.

En otras palabras, si Jesús se metió en el conflic­to mortal, que le costó la vida, es porque presentó el Reino de Dios de una manera radicalmente opuesta a lo que enseñaban y esperaban los dirigentes judíos. Ellos querían imponer el Reino bajo la condición inexorable del sometimiento al yugo de la Ley, mientras que Jesús vivió el Reino y habló del Reino de forma que entusiasmó al pueblo pobre y sencillo, que, por lo visto, no estaba dispuesto a cargar con semejante yugo.

Ahora bien, si las cosas ocurrieron así, la pregunta es:
¿cómo presen­tó Jesús el Reino de Dios?
Y en consecuencia,
¿por qué la presentación que hizo Jesús del Reino entusiasmó tan apasionadamente al pueblo?
Y a su vez,
¿por qué todo aquello irritó y escandalizó a escribas, fariseos y dirigentes en general?


[1] Intiución que hace tiempo me  da vueltas por la cabeza, ¿hasta que punto Pablo  convino con la situación de la mision y del imperio para apagar la fuerza del evangelio?, y hasta que punto los evangelios representan un reaccion a esto

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