martes, 8 de febrero de 2011

Teorias sobre la cultura en la era posmoderna. Marvin Harris cap 2



2.   Perspectivas emics y etics.

Tras debatir la importancia y legitimidad tanto de las ideas como del comportamiento en la definición de la cultura, estamos en condiciones de examinar otra distinción epistemológica fundamental, la que existe entre los puntos de vista emics y etics.

Debido a la capacidad genuinamente humana de ofrecer descripciones e interpretaciones de nuestras experiencias personales, las culturas pueden estudiarse desde dos puntos de vista: uno enfocado desde la perspectiva del participante (emics) y otro desde la del observador (etics).

a.      Los estudios enfocados desde la perspectiva del participante generan descripciones e interpretaciones emics.
b.      Los enfocados desde el punto de vista del observador generan descripciones e interpretaciones etics.


EMICS:
Más concretamente, los enunciados emics describen los sistemas sociales de pensamiento y comportamiento cuyas distinciones, entidades o «hechos» fenoménicos están constituidos por contrastes y discriminaciones percibidos por los propios participantes como similares o diferentes, reales, representativos, significativos o apropiados. Puede refutarse una proposición emics si se logra demostrar que contradice la percepción del participante de que las entidades y los acontecimientos son diferen­tes o similares, reales, representativos, significativos o apropiados.
           
ETICS:
Los enunciados etics, por su parte, dependen de las distinciones fe­noménicas consideradas apropiadas por una comunidad de observadores científicos.

Las proposiciones etics no pueden refutarse si no se ajustan a la percepción del participante de lo que es significativo, real, representativo o apropiado. Sólo pueden rebatirse si se comprueba la falsedad de las pruebas empíricas aducidas por los observadores para respaldar dichas proposiciones.

Estos términos ‑emics y etics‑, que derivan de la distinción entre aspectos fonémicos y fonéticos de las lenguas, fueron inventados por el lingüista Kermeth Pike.

Aunque han sido adoptados por un considerable número de antropólogos, no está claro que todos sus usuarios contemporáneos entiendan por «emics» y «etics» lo mismo que Pike. Las diferencias entre mi manera de usarlos y la de Pike estriban en la función atribuida a la perspectiva etics en el desarrollo de una ciencia de la cultura.

En la primera edición de su obra en tres volúmenes Language in relation to a unified theory of the structure of human behaviour (1954, 1955, 1960), Pike parece proponer una distinción tajante entre el enfoque emics y el etics.
Pero más adelante queda claro que, para él, las descripciones fonéticas representan una emanación del conocimiento acumulativo de los sistemas fonémicos, o fonológicos, que se da en varias lenguas y culturas de todo el mundo.
Debido a su subordinación última al análisis emics anterior y al que se esté realizando, una descripción fonética, según Pike, no puede distinguirse tan drásticamente de la perspectiva emics como en mi utilización del término.
Para Pike, el punto de vista etics comporta

el acercamiento a un sistema interno por un extraño a él, en el cual el extraño aporta su propia estructura y sobre-impone parcialmente sus observaciones sobre el punto de vista interno, interpretando lo interno en referencia a su punto de partida externo (Pike 1986b).

De modo que, para Pike, la perspectiva etics es en parte el punto de vista emics del observador incorrectamente aplicado a un sistema ajeno.
Sólo un pequeño paso separa esta postura de la conclusión de que la perspectiva etics del observador constituye meramente una variedad del punto de vista emics: el hecho de que «la naturaleza de las cosas es emics, y no etics» (Lévi‑Strauss 1972:13). Esta conclusión dota a los participantes de una forma de conocimiento más privilegiada que la que poseen los observadores con formación específica y constituye una puerta abierta al caos episteniológico.


Es la  exisiencia de una comunidad de observadores científicos lo que impide el desmoronamiento embrutecedor de la perspectiva etics y su fusión con la etnics.
Todos los miembros de esta comunidad han contraído el compromiso de respetar un conjunto de principios y metodologías epistemológicos y teóricos adquiridos durante un periodo de formación más o menos riguroso y dilatado.
Reducir la perspectiva etics al punto de vista emics del observador, por lo tanto, equivale a poner en entredicho la legitimidad de la ciencia como modo especial de conocimiento.
Los observadores no tienen más opción que defender la ciencia contra quienes le son hostiles.
Son los antropólogos formados e informados y otros estudiosos y científicos de la sociedad y el comportamiento los que posibilitan la existencia de las ciencias sociales.
Nuestra «perspectiva emics», aplicada al estudio de los fenómenos socioculturales, constituye una emics muy especial, porque está perfectamente adaptada a la tarea dc elaborar una ciencia de la sociedad y la cultura.
Por este motivo la perspectiva emics de los observadores debe distinguirse categóricamente del punto de vista de los participantes, y por ello nos hacen falta tanto el término «etics» como el «emics».

La reticencia actual ante la ciencia y los planteamientos etics (Kuznar 1997) está estrechamente vinculada a la lucha de los participantes que emergen de una subordinación opresiva colonial y neocolonial y que exigen un control exclusivo sobre la interpretación, descripción y reconstrucción de sus modos de vida y su historia.
Los antropólogos que tratan de acceder al mundo de los participantes dan marcha atrás, horrorizados ente la posibilidad de ser tildados de expropiadores prepotentes del matripatrimonio de otros pueblos, de ladrones de culturas.

La única solución a esta encrucijada es que la comunidad de antropólogos de vocación científica prosiga su búsqueda de la comprensión empleando enfoques emics y etics. Volveré en capítulos posteriores sobre los problemas de tipo moral y político que plantean los participantes nativos y su oposición políticamente correcta a ser estudiados por científicos no participantes.

¿,Qué comunidad de observadores?

Antes de proseguir, permítaseme abordar el problema vejatorio que rodea al concepto de «comunidad de observadores científicos».
Todos somos conscientes del hecho de que dicha Comunidad de observadores no es homogénea.
Dejando de lado los grupos de estudiosos que se opo­nen abiertamente a los enfoques de vocación científica, quedan varias opciones doctrinales más.
Me refiero a los evolucionistas y antievolu­cionistas, los materialistas e idealistas, los ideacionalistas y behavioris­tas, los defensores de la perspectiva emics o etics, y así sucesivamente (por no mencionar escuelas más antiguas, relegadas al olvido).

Esta situa­ción impulsó a Thomas Kuhn, el padre de los paradigmas, a considerar las ciencias sociales «preparadigmáticas».
Así, por «comunidad de ob­servadores» no debe entenderse necesariamente la totalidad de los in­vestigadores con vocación científica, sino que la expresión se refiere más bien a los investigadores que concuerdan en ciertos criterios míni­mos para elaborar información científica acerca de un ámbito particular de la existencia (por ejemplo, criterios como la replicabilidad, compro­babilidad, economía y acotación del campo de estudio, etc.).
Como mí­nimo, una comunidad de observadores de las ciencias sociales debe acor­dar que la distinción entre observador y observado es real.
En cuanto al número de observadores de la comunidad, no hay una cantidad fija. In extremis, podría afirmarse que basta con un puñado de personas para constituir una comunidad científica (aunque cuando sólo consta de uno o dos miembros del mismo parecer, es obvio que falta algo).

Subjetivo/objetivo

Antes de añadir neologismos como «emics» y «etics» a un dicciona­rio de las ciencias sociales ya excesivamente abultado, deberíamos tra­tar de analizar los términos que ya están en uso y sus sinónimos.
Uno de los candidatos es la dicotomía subjetivo‑objetivo.
Mi diccio­nario (Webster, tercera edición) define subjetivo como «carente de rea­lidad o sustancia; ilusorio, caprichoso». Y objetivo como «observable o comprobable pública o intersubjetivamente mediante métodos cientí­ficos».
De modo que «etics» tiene un significado muy próximo a «obje­tivo», pero «subjetivo» no se corresponde con «emics».
El problema es que las descripciones emics pueden ser tanto objetivas como subjetivas.
Es sabido que algunos de los proyectos de mayor rigor científico reali­zados en sociología han tenido por objeto descubrir la categorización por los participantes de los términos relacionados con las plantas, animales, colores y parientes.
En nuestras investigaciones en Brasil, mis colegas y yo tratamos de efectuar experimentos científicos rnediante la división del censo, dibujos controlados, pruebas de significación, etc., para lograr comprender cómo categorizan los brasileños las diferencias de raza y color.
Se trata indudablemente de estudios emics, pues se refieren al significado de las categorías de raza y color en la percepción de los participantes (Harris et al. 1993).
Para aclarar las diferencias entre subjetivo y objetivo, por una parte, y perspectiva emics y etics, por otra, sugiero que utilicemos los térmi­nos de subjetivo y objetivo para referirnos a las operaciones desde el punto de vista de si satisfacen los cánones epistemológicos generales de la investigación y la teoría científica.
En otras palabras, deben ser públicos, replicables, comprobables, económicos y haber acotado su cam­po de estudio.
Las operaciones etics tienen necesariamente vocación científica y se efectúan desde el punto de vista del observador, pero una operación emics (por ejemplo, deducir términos de raza y color) pue­de llevarse a cabo objetiva o subjetivamente.
Me apena comprobar que los antropólogos siguen haciendo equivaler objetivo y científico exclusivamente con la perspectiva etics (por ejemplo, Cassidy 1987:318), cuando los estudios emics de las categorías cognoscitivas satisfacen siempre los criterios de la investigación científica, por mucho que uno Prefiriera que dichos estudios desembocaran en teorías de aplicación mas general.

Propio/extraño

También para mi gran pesar, el libro Emics and Etics, editado por Thonlas Headland (1991), tiene el subtítulo de The insider‑outsider debate.
En mi contribución al volumen, traté de demostrar la no equivalencia de la dicotomía propio/extraño con la de perspectiva emics/etics.
Repitiendo mi argumento, diré que esta distinción resulta confusa por­que no se precisa si el punto de vista de lo ajeno al grupo conduce a un conocimiento emics o etics basado respectivamente en operaciones emics o etics.
En mi investigación etnográfica brasileña, siempre fui un extra­ño, independienternente de que recopilara datos etics o emics.
De igual manera, se puede ser un extraño (como un miembro de un clan enemi­go) y no estar, interesado por una descripción científica y etics de la esencia de dicho clan. Usada de esta manera, la distinción entre mienbro y no miembro del grupo no se corresponde con el significado epistemológicamente fundamental de la diferencia entre punto de vista emics y etics.

Cognosido/operativo

Tal y como lo define Rappaport (1984:236‑237), el modelo operati­vo corresponde esencialmente a lo que yo entiendo por perspectiva etics, pero el modelo cognoseido no es paralelo a la perspectiva emics:

El modelo operativo es lo que los antropólogos construyen a través de la observación y la medición de entidades empíricas, acontecimientos y rela­ciones materiales. Él (ella) hace representante a este modelo, a efectos analí­ticos, del mundo físico del grupo que él (ella) está estudiando.

En cambio, el modelo cognoscido «es el modelo del entorno conce­bido por las personas que actúan en él».
El problema que se plantea es la falta de especificidad acerca de cómo puede saberse cómo conciben los participantes el modelo cognos­cido.
Como ya he indicado anteriormente, hay mecanismos tanto emics como efics que permiten recabar datos acerca de las normas, planes, ob­jetivos y valores, y pueden dar lugar a descripciones contradictorias sobre lo que está ocurriendo en la mente del participante.

Mental/comportamental

El modelo mental/comportamental plantea el mismo problema que el cognoscido/operativo, ya que no especifica si es la percepción del parti­cipante o del observador sobre lo que piensan y hacen los participantes lo que se está describiendo.
Otras dicotomías similares, como
«sistemas folclóricos/sistemas analí­ticos» (Bohannon 1963:12),
«estructural/ecológico» (Johnson 1982:413) y
«experiencia cercana/experiencia distante» (Geertz 1976:223) adole­cen de una u otra o de todas las ambigüedades antes mencionadas.
La existencia y el uso frecuente de todas estas dicotomias sugieren que nos estarnos enfrentando a un dilema epistemológico fundamental, ‑ que no se desvanecerá por sí solo y que requerirá una discusión seria y prolongada antes de llegarse a una solución.


Perspectivas emics/etics frente a
mentales/comportamentales


Al formular la distinción entre perspectivas emics/etics antes de 1979, no acerté a observar que la diferencia mental/comportamental no era con­gruente con la de emics/etics. Así, el punto de vista emics se concebía como referido exclusivamente a hechos que tenían lugar en la mente del participante, mientras que la perspectiva etics se refería exclusivamente a los movimientos del cuerpo y sus efectos en el entorno («actónicos»). Es obvio, sin embargo, que la ensayística de la sociología está de hecho repleta de afirmaciones que pretenden representar los pensamientos, intenciones, valores, criterios de pertinencia, categorías y estados mentaes y emocionales de los participantes, pero que se basan esencialmente en operaciones etics, más que emics.
El estructuralismo francés rebosa de afirmaciones de este tipo; por ejemplo los etnólogos pretenden que una serie de dicotomías, como las de hombres frente a mujeres, arriba frente a abajo y derecha frente izquierda derivan de un molde cognoscitivo común  «cultura frente natura», aunque ningún participante reconozca la verosimilitud de diferencias y relaciones postuladas.
(El estructuralista francés Lévi Str­auss partía fundamentalmente de publicaciones de mitos recogidos por otros y, por consiguiente, no contaba con la ventaja de recurrir a par­ticipantes vivos.)

Aún más; incluso cuando los participantes negaban e esas oposiciones estructurales tuvieran sentido para ellos, los observad­ores no admitían que sus inferencias carecieran de validez.

Los enfoques psicoanalíticos de la vida mental dan lugar a afirma­ciones similares.
Tomando como punto de partida varios indicios verba­les y no verbales, los analistas deducen que el paciente odia a un pariente ó envidia a un hermano, por mucho que el paciente insista en que esas inferencias no son pertinentes.
Las deducciones de estados mentales y emocionales a partir del llamado lenguaje corporal y las expresiones faciales poseen el mismo ran­go epistemológico: conducen a los psicólogos a realizar afirmaciones acerca de la vida interior de los participantes cuya validez no se supedita a la puesta a prueba de la idea que el participante tenga sobre su per­tinencia.
Esta omisión es también característica de las prácticas legales occidentales, en las cuales los jueces y los jurados tratan rutinariamente de determinar no sólo si los acusados han cometido realmente un cri­men, sino también si tenían la intención de hacerlo con «premeditación y alevosía».





Participantes muertos

      Los historiadores tienen asimismo gran afición a realizar inferencias acerca de lo que ocurre en la mente de individuos específicos. (¿Qué pen­saba realmente Abraham Linco1n cuando escribió el discurso de Gettys­burg?).
       Naturalmente, el hecho de que los historiadores traten en la ma­yoría de los casos de personas fallecidas complica su tarea, pero pueden compensar esta desventaja inspeccionando detenidamente varios tipos de pruebas escritas, desde los documentos oficiales hasta las cartas de amor.
      Cuando los materiales escritos son abundantes y lo bastante personales, los historiadores pueden alcanzar un alto grado de credibilidad en sus explicaciones tanto etics como emics del comportamiento y el pensa­miento.
      Resulta razonable creer que Lincoln fuera asesinado el 14 de abril de 1865, mientras asistía al teatro (etics), y que millones de personas lo tenían por un gran hombre y lamentaron su fallecimiento (emics).


Cómo piensan los «nativos»
en el capitán Cook, por ejemplo.

El problema al que se enfrentan los antropólogos que quieren des­cribir el contenido de las mentes de las personas muertas es mucho más complejo.
Por lo general, los pueblos objeto de estudio carecen de es­critura y no dejan registro de sus pensamientos ni sentimientos (con la excepción de rastros ambiguos de su presencia física y de algunas de sus actividades).
Los observadores no tienen por lo tanto más remedio que realizar inferencias mediante métodos subjetivos para tratar de averiguar el contenido de las mentes de los participantes.

Los peligros de esta estrategia se pusieron de manifiesto con especial acuidad en la amarga controversia que enfrenó a Marshall Sahlins ( 1995) con Gananath Obe­yesekere ( 1992) acerca de lo que ocurría en la mente de los hawaianos cuando mataron al célebre explorador inglés, el capitán Janies Cook, en 1779.

Salhilins sostiene que los hawaianos creían que Cook era su dios Lono. Basó su tesis casi exclusivamente en los relatos de exploradores, misioneros y comerciantes europeos (y en algunos estudiosos hawaianos contemporáneos).
Cook estaba en plena apoteosis hasta un día en que sus navíos se hicieron a la mar, se encontraron con vientos peligrosos y tuvieron que regresar al puerto hawaiano del que habían partido.
 Esta aparición inesperada alarmó a los jefes y sacerdotes hawaianos, que mpezaron a ver en Lono‑Cook una amenaza para su propia subsis­tencia.
Por consiguiente, había que dar muerte a Lono‑Cook, como anti­cipaban sus mitos sobre el dios Lono.
Así pues, Cook fue «asesinado ritualmente».

Sin embargo, de acuerdo con Obeyesekere:
Los hawaianos creían que Cook era un jefe, y no un dios. Fueron los propios europeos, y no los hawaianos, los que inventaron y propalaron la divinidad de Cook. Los hawaianos lo mataron porque había perdido todo autocontrol y trató de tomar como rehén a un jefe de alto nivel. En ningún momento fueron los hawaianos tan ingenuos como para tomar a Cook y a sus hombres por dioses.

Aunque Sahlins y Obeyesekere han aducido ingentes cantidades de citas extraídas de los cuadernos de bitácora y los diarios de Cook y sus compañeros de tripulación y de los relatos de los viajeros, misioneros y parientes sobre estos hechos, la controversia no puede resolverse. Sabemos qué pensaban los europeos, pero, a falta de los participantes vivos y de documentos redactados por hawaianos que vivieron hace doscientos años, la discusión sobre lo que pensaban los hawaianos no puede salir del terreno de la especulación.
A lo sumo, podemos aspirar a ponernos de acuerdo sobre qué creían los europeos que pensaban los hawaianos.

Perspectivas emics y etics sobre el comportamiento

En cuanto se concede que el ámbito de la vida mental puede ser ob­jeto de análisis tanto etics como emics, se plantea el problema de si la esfera del comportamiento ‑‑el «flujo del comportamiento»‑‑‑ puede también ser objeto de ambas formas de análisis.
Mi respuesta es afirma­tiva.
Hay un tipo de descripción emics interesada en la comprensión por el participante de los hechos comportamentales que tienen lugar (o que han ocurrido u ocurrirán) en determinado momento y lugar. Por ejem­plo, puede sonsacarse a los participantes explicaciones sobre hechos es­pecíficos, como quiénes asistieron a una boda, nacimiento o funeral, qué dijo un político, cuánto grano se cosechó o cuántos terneros mató un ga­nadero.
Pero, una vez más, los observadores deben estar preparados para la eventualidad de que se produzcan discrepancias y contradicciones en­tre las versiones emics y etics de los acontecimientos en cuestión.
Las versiones emics merecen un trato especial porque plantean las cuestio­nes axiales de la fiabilidad del informante (cf. Bernard et al. 1984), el relativismo y la verdad histórica.

A modo de resumen, puede decirse que la reformulación de la dis­tinción emics/etics con objeto de que comporte atributos mentales y com­portamentales da lugar a cuatro modos diferentes de descripción etno­gráfica:
emics de la vida mental,
emics del comportamiento,
etics de la vida mental y
etics del comportamiento.

Como demostraré en seguida, el no establecer estas distinciones nos imposibilita poder llegar a un acuerdo aunque sólo sea sobre los hechos etnográficos más destacados. Pero déjenme antes aclarar otro motivo constante de confusión.


¿Difieren siempre las explicaciones etics y emics?

El análisis emics de las lenguas normalmente da lugar a afirmaciones que por lo general tienen poco significado o pertinencia para los hablan­tes nativos.
Pocos anglófonos pueden enunciar las normas que rigen la for­mación del plural de los sustantivos, por ejemplo.
Muchos negarían que las palabras cats, houses y flags acaben en alomorfos distintos (variantes fonémicas).
No obstante, las normas gramaticales tienen el mismo rango epistemológico que los fonemas, ya que la prueba de su validez, indepen­dientemente de cuán abstracta sea su formulación, es si generan enun­ciados que los hablantes consideran dolados de sentido y pertinentes.
Sin embargo, estas pruebas son irrelevantes para los análisis etics, que acier­tan o fracasan en función de su contribución al desarrollo de las teorías científicas acerca de los fenómenos socioculturales.
Esto no significa que los análisis etics den necesarianiente lugar a descripciones que contradigan el sentido de pertinencia y verdad histórica de los participantes.
En muchos ámbitos, pero especialmente en los procesos tecnológicos, las versiones emies de las prácticas culturales y los hechos del flujo com­portamental se corresponden muy estrechamente con las versiones etics de estos mismos fenómenos.
Allen Johrison estudió este problema entre los agricultores brasileños.
Descubrió que las normas deducidas que re­gían la plantación de determinadas especies en tipos particulares de tierras y las descripciones deducidas de las actividades de plantación del pasa­do se correspondían en ocasiones estrechamente con el comportamiento observado desde el punto de vista etics.
Pero, como recalcó Johnson, el hecho de la correspondencia o no correspondencia planteaba problemas igualmente graves:

¿Por qué algunas normas se respetan mientras otras se infringen?
¿Por qué algunos individuos respetan las normas mientras otros las infringen?
¿Por qué algunas normas y conceptos están difundidos de una manera general, mientras que otros difieren de un individuo a otro?


Rechazo de la perspectiva etics

El motivo de que no haya distinciones epistemológicas en las cien­cias sociales que anticipen plenamente los puntos de vista emics y etics es que, hasta la fecha, las escuelas dominantes en dichas ciencias nunca han aceptado la importancia, o siquiera la posibilidad, de la descripción de la vida social humana en términos de los movimientos de las partes de un cuerpo y de sus efectos en el entorno (y de las estructuras de orden superior que derivan de ellos) como contrapunto a las descripciones de la vida social basadas en las intenciones, significados y valores deduci­dos, y en los grupos sociales, rangos, instituciones, acontecimientos y prácticas objetivados.
La doctrina de la inadmisibilidad de las descrip­ciones etics tiene un carácter terminante absoluto ‑¿o debería decir dogmatico? -en los escritos de las figuras punteras de la historia de la teoría sociológica y antropológica.
Por ejemplo, Talcott Parsons (1961:32) es­crihe que «el estudio del comportamiento social humano necesariamen­te implica….un tipo de esquema teórico (que) trata el comportamiento como “dirigido a una finalidad”, “adaptalivo”, ”motivado” y guiado por procesos simbolicos.

Añade después:
Un punto culminante de este problema fue la controversia behaviorista de la década de 1920. La postura behaviorista era un ejemplo destacado del reduccionismo y tendía a rechazar la legitimidad científica de todas las cate­gorías «subjetivas», de todos los conceptos de «significado» ... Al igual que en las discusiones sobre el rango de la ciencia misma y sobre el empirismo en este ámbito, puede afirmarse que la batalla ha terminado. La teoría socio­lógica se formula hoy claramente en términos de motivos, metas, símbolos, significados, medios y fines, y parámetros similares (1961:32‑33).

Para el antropólogo John Beattie, la batalla había concluido antes de empezar:

Las relaciones sociales no pueden concebirse o describirse inteligible­mente con independencia de las expectativas, intenciones e ideas que expre­san o implican: sin dúda, ningún antropólogo social ha tratado jamás de describirlas asi (1968:117; las cursivas son mías).

La referencia de Parsons al behaviorismo en la década de 1920 sólo afecta a los paradigmas en psicología.
La batalla librada en las ciencias sociales a la que hace referencia fue una mera ficción de su imaginación.
Nunca ha habido sociólogos pav1ovianos ni watsonianos.
No se ha li­brado jamás una batalla como la que menciona Parsons, precisamente porque siempre se ha considerado evidente que la clave del comporta­miento humano reside en la capacidad distintivamente humana de ex­presar expectativas, intenciones e ideas.
Irónicamente, muchos antro­pólogos y arqueólogos de la cultura que son hoy adalides de teoremas interpretacionistas,  posprocesualistas y antipositivistas (por ejemplo, Marcus & Fischer 1986) parecen creer que están promulgando una gran revolución intelectual al abogar por la «unidad de sentido (creencias) y acción» (Hodder 19822) o, en palabras de Shanks y Tilley (1987:38), al enunciar la «necesidad de distinguir entre el movimiento corporal físico, que puede integrarse en los términos de la tesis de un naturalista, y las acciones humanas, que no pueden asimilarse fácilmente, pues conllevan intenciones, elecciones, disposiciones y motivaciones».

Para que quede constancia, debo ser igualmente tajante.

El compor­tamiento humano no sólo puede describirse sin tratar de inferir o deducir intenciones, elecciones, disposiciones y motivaciones, sino que tales descripciones son indispensables para que el hombre pueda hacer uso de su capacidad de mentir, ofuscar, olvidar y encubrir nuestra vida interior de decir una cosa y hacer otra y de producir unos efectos añadidos que no esperaba ninguno de los participantes.

Lo más notable acerca del rechazo de las explicaciones behavioristas de las acciones sociales huma­nas es su tono excluyente y apodíctico.
El bando materialista no ha ge­nerado jamas algo tan totalizador.
Afirmamos sólo que las descripciones de las culturas humanas deben distinguir entre las explicaciones com­portamentales y mentales y entre las explicaciones emics y etics.
Los materialistas culturales no tratan de acabar con las explicaciones emics y mentales, sino de dar cuenta de la relación de dichas explicaciones con las explicaciones comportamentales y etics.


Emics
Etics
Comportamentales
Mentales



Dado el rango poco menos que hegemónico de las doctrinas emics y mentalistas en la antropología contemporánea, los defensores de los puntos de vista etics y behaviorista se ven obligados a considerar la ausencia de dichos enfoques como una amenaza para la viabilidad del conjunto del empeño antropológico. A continuación ilustraré este fenómeno con un ejemplo.

Un desastre etnográfico

En un estudio sobre la psicosis «windigo», una enfermedad mental supuestamente característica de algunas culturas y atribuida a los pue­blos algonquinos septentrionales, Louis Marano (1982:385) consideró la falta de datos comportamentales y etics como «una invitación al desas­tre etnológico».

El estudio emics de la vida mental, revelada a través de entrevistas etno­gráficas y testimonios recogidos al pie de la letra, había llegado a la con­clusión de que ciertas personas se transformaban en monstruos poderosos ‑«windigos»‑ y debían ser asesinados para evitar que satisficieran sus impulsos caníbales.
El análisis emics del flujo comportamental afirmaba que determinados in­dividuos se convertían en windigos, trataban de comerse a sus compañeros de campamento y eran asesinados en defensa propia.
Partiendo de estas explicaciones emics, los antropólogos y psiquiatras de­dujeron que los algonquinos septentrionales eran proclives a una psicosis caractetizada por un impulso irresistible de consumir carne humana (etics de la vida mental).      
Pero los registros comportamentales en gran medida ignorados por ­los predecesores de Marano, contradicen la versión emics del comporta­miento y la etics de la vida mental.

Marano no logró descubrir casos de supuestos windigos descubier­tos mientras trataban de comerse físicamente a sus compañeros de cam­pamento, por lo que eran asesinados. En lugar de ello, averiguó que los supuestos windigos eran, en su mayoría, individuos enfermos o moles­tos, que fueron abatidos durante periodos turbulentos por la escasez de la caza y la propagación de enfermedades epidémicas.
Resultado de ello es una redefinición completa de la realidad etnográfica. Desde el punto de vista etics y comportamental, el asesinato de supuestos windigos se convierte en un exponente de un modelo de comportamiento etics re­currente y transcultural, que Marano llama «homicidio selectivo».
Esto lleva, a su vez, a una renovación completa de la explicación etics de la vida mental: la gente invoca la amenaza de los windigos para justificar la práctica del homicidio selectivo.

Replanteamiento de la vaca sagrada

El análisis de Marano nos enfrenta al problema de hasta qué punto existe una versión emics deducible del pensamiento y el comportamien­to que se corresponde con el análisis comportamental y etics del com­plejo windigo, pero que no se ha inferido jamás simplemente porque se ha ignorado el fundamento etics comportamental para formular dicha pregunta.
Esta cuestión quedará sin respuesta porque el homicidio se­lectivo ha dejado de practicarse entre los algonquinos septentrionales contemporáneos.
Sin embargo, se ha planteado una cuestión similar acerca de mi análisis del complejo de la vaca sagrada en la India.
Partiendo de los datos emics y etics recopilados durante el trabajo de campo en Trivandrum y alrededores, en el estado de Kerala, formulé, en relación con la cría de ganado (Harris 1979:38), la siguiente ilustración de los cuatro modos etnográficos expuestos en la página 38:

•Emics de la vida mental: Todos los terneros tienen derecho a vivir.
•Emics del flujo comportamental: No se deja morir a ningún ternero de
      hambre.

•Etics de la vida mental: Que los terneros machos mueran de hambre cuando escasee el pienso
•Etics del flujo comportamental: se deja morir regularmente de hambre a los terneros machos

El antropólogo James Sebring (1987) dudó de la exactitud de mi ex­posición de la emics de los agricultores hindúes. Los campesinos hindúes del distrito de Alinora, en Uttar Pradesh, le dijeron que ellos también ha­bian dejado morir de hambre a algunos terneros (emics/comportamental) y que era conveniente hacerlo para sacarles el máximo provecho eco­nómico (emics/mental).
Aunque los participantes de Sebring eran de un pueblo y un estado diferente del que yo estudié, no tengo razón para dudar que si hubiera logrado intimar más con mis participantes, algunos de ellos me habrían confiado que en el fondo desechaban el género va­cuno indeseado y que les resultaba económicamente necesario hacerlo.
En efecto, eso es exactamente lo que implica la modalidad etics/mental (modo 3 anterior), en su formulación «Que los terneros machos mue­ran de hambre cuando escasee el pienso», y que deduje exclusivamente partiendo del análisis etics del comportamiento.
En lugar de felicitarme por leer la mente de mis participantes, Sebring se lanzó a un ataque de la validez de mis explicaciones emics, por el motivo de que los agri­cultores pragmáticos no creen en la idea «santa» de la protección de la vaca.
En mi experiencia, sin embargo, los agricultores se mostraron extre­madamente sensibles a la necesidad de hacer gala de conformidad con las prescripciones «santas» hindúes, aunque sólo fuera por la razón de que es ilegal, así como sacrílego, sacrificar terneros.
La esencia del pro­blema, a mi modo de ver, es que las personas tienden a tener prescrip­ciones emics alternativas ‑a menudo contradictorias‑ que pueden sa­carse a relucir mediante comparación con los registros comportamentales etics.
Como hemos visto anteriormente, los participantes siempre recu­rren a las normas para infringir normas. El camino para una mejor com­prensión de la perspectiva emics y etics, por lo tanto, reside en la yuxta­posición permanente de las versiones emics y etics de la vida social.
Importancia de la perspectiva etics

Lo cual no equivale a decir que siempre se pueden, inferir explica­ciones emics que cuadren con las explicaciones etics.
Por el contrario, cada cultura contiene indudablemente interpretaciones emics cuya función principal es impedir que las personas vean su comportamiento de una forma que pueda corresponderse con las descripciones comportamenta­les etics, y es sobre todo en estos ámbitos en los que la etnografía triun­fa o fracasa en su capacidad y determinación de ofrecer explicaciones comportamentales etics.

Ilustraré este extremo con la práctica del infanticidio indirecto entre las mujeres de Alto do Cruzeiro, en el nordeste de Brasil, documentada por Nancy Scheper‑Hughes.
Las mujeres de Alto do Cruzeiro afirma­ban que de 251 muertes de niños entre el nacimiento y la edad de cinco años, 76 se habían debido a una “doensa da criansa” (enfermedad infan­til) o fraqueza (debilidad). Desde el punto de vista emics, se trata de afecciones incurables que no puede remediar una intervención de la ma­dre, por intensa que ésta sea: «La causa de la muerte es una deficiencia percibida “emics” del flujo comportamental en el niño, no una deficien­cia en la madre» (Scheper‑Hughes 1987:198). Sin embargo, desde un punto de vista comportamental etics, la inexorabilidad de esas muertes es función del descuido selectivo impuesto a unas madres empobrecidas que tienen un promedio de 9,5 embarazos y deben criar a una media de 4,5 niños vivos. Según Scheper‑Hughes:

Se hizo dolorosamente evidente que las madres de Alto describían a me­nudo los síntomas de una malnutrición aguda y de gastroenteritis complica­das por su propio descuido selectivo.
Las diarreas no tratadas y la deshidra­tación contribuían a la pasividad del bebé, a su falta de interés por la comida y a retrasos en su desarrollo.
Las fiebres altas a menudo provocaban las con­vulsiones espasmódicas que las madres temen como precursoras de la locu­ra o epilepsia crónica.
Dado que estos bebés hambrientos y deshidratados se muestran tan pasivos y no se quejan, a sus madres les resulta fácil olvidarse de atender sus necesidades, y pueden distanciarse emocionalmente de lo que acaba por parecer un niño poco natural, un ángel de la muerte que nunca fue concebido para la vida.
Mientras las madres salen a trabajar, abandonan a muchos de estos bebés en sus hamacas, y ni siquiera hay un hermano o una vecina que pueda oírlos cuando sus débiles gemidos anuncian la crisis defi­nitiva, de modo que mueren solos y descuidados (1987:198).

¿Podria sonsacarse una explicación emics similar a los participantes?
Parece altamente improbable. Huelga precisar que no solo es el infnticidio un crimen punible con pena capital en Brasil, sino que a las mujeres de Alto do Cruzeiro les parece perfectamente legítimo que asi sea.
Cuando una mujer interfería en el curso de la naluraleza y mataba direcianiente a su niño de un año, era repudiada universalmente como una bestia y criatura contra natura.
La batalla para impedir que la antropología abandone sus interpreta­ciones etics no es una mera disputa acerca de minucias epistemológicas. Los datos etics concernientes al descuido selectivo y al infanticidio indirecto (B. Miller 1981; Scrimshaw 1984) tienen implicaciones en matleria de decisiones políticas muy diferentes de las que se derivan de los dalos emics.
Así, la no divulgación de información y tecnología contra­ceptivas, combinada con la prohibición del aborto clínico, tiene fre­cuentemente el efecto indeseado de promover la práctica del homicidio. Las familias que cargan con más niños de los que pueden criar se ven obligadas a tomar decisiones acerca de la asignación de recursos, lo que desemboca en muertes prematuras.
Desde un punto de vista emics popu­lar en Estados Unidos, el aborto es el asesinato del feto; desde un pun­to de vista etics, la prohibición del aborto a menudo provoca el asesinato de un lactante o un niño tanto entre las clases empobrecidas como en los países desfavorecidos.
En este caso, como en tantos otros, la adhesión a la logica de la unidad de la forma y el sentido en la acción humana equi­vale al encubrimiento de consecuencias indeseadas que perjudican las vidas de millones de personas.

La explicación etics, necesaria para la predicción.

No quiero decir con ello que las consecuencias indeseadas sean más comunes que las deseadas, especialmente porque, como ya he indicado, las intenciones pueden reformularse postfacto para que encajen con las necesidades de cada caso.
Sí quiero decir, en cambio, que cuanto más grave es el problema social, menos probable es que pueda explicarse en función de intenciones emics y más probable es que no haya explica­ciones emics sonsacables que cuadren con explicaciones comportamentales etics.
Pensemos, por ejemplo, en los problemas del agotamiento de los recursos y la contaminación. Creo que podemos afirmar sin temor a equivocamos que los diseñadores de automóviles, fábricas, estaciones de generación de energía eléctrica y neveras no tenían la intención de pro­vocar atascos, niebla tóxica, lluvia ácida, agujeros en la capa de ozono o el efecto invernadero, fenómenos que influyen profundamente en nues­tra vida social cotidiana.
De la misma manera, no existen prescripciones emics intencionales conocidas en Estados Unidos que dispongan el em­pobrecimiento o la pérdida de hogar de las personas.
Cuando los patronos despiden a los trabajadores, su intención consiste en recaudar dinero, no en crear una clase desfavorecida.
Ni siquiera el comisario que ejecuta una orden de desalojo tiene la intención de dejar sin hogar a los afecta­dos, sino simplemente de obligarlos a abandonar determinada casa o piso. De la misma manera, quienes abogan por la libre propiedad de ar­mas de fuego tan sólo piensan en defenderse a sí mismos, no en aumen­tar la tasa de homicidios.

Además de la frecuencia con la cual no se corresponden las inten­ciones con las consecuencias para la sociedad, se encuentra el hecho de que gran parte de la vida social, incluso en las bandas y en las socieda­des rurales, es producto de contenidos e intenciones que se entrecruzan y a menudo se contradicen.
En los feudos y en los estados, estos entrecru­zamientos y contradicciones a menudo revisten la forma de una lucha por el poder entre hombres y mujeres, clases sociales, facciones y grupos étnicos, religiosos y raciales, cuyo resultado resulta imposible predecir o justificar a posteriori incluso conociendo de la manera más perfecta posible el punto de vista emics de los participantes (Harris 1975).
Sólo mediante las explicaciones etics de acontecimientos comportamentales pueden las consecuencias indeseadas, o las consecuencias deseadas pero dependientes de diferentes parcelas de poder, predecirse o justificarse a posteriori.
Más aún; la importancia de las interpretaciones compor­tamentales etics aumenta necesariamente cuanto mayor sea el lapso de tiempo durante el cual se buscan explicaciones a las diferencias y semejanzas socioculturales.
      Los antropólogos interesados por la evolución de la cultura desde los tiempos más remotos hasta el presente no disponen de ninguna alternativa a las descripciones etics.
      Como se ha indicado anteriormente la ausencia de documentos escritos, asi como de informantes vivos de la prehistoria, impide lisa y llanamente la recopilación de datos emics fiables.

      Soy perfectamente consciente del resurgir del interés entre los arqueólogos por «la fundamentación expresiva de los actos sociales» (Hodder 1982:22), pero, lamentablemente, dichas fundamentaciones constituyen necesariamente una perspectiva etics de la vida mental, cuya correspondencia con las estructuras emics será por siempre inco­pprobable.

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