lunes, 27 de junio de 2011

El Sermon del Monte. Juan Mateos


Juan Mateos sj

El Sermón del Monte







Cuaderno 1











 

 

Contenido de este numero

1 - La opción personal por la justicia
2 - Para entender las Bienaventuranzas
1- LA OPCION PERSONAL POR LA JUSTICIA


Estas son las bienaventuranzas según el evangelio de Mateo, pues Lucas tiene otras distintas, que necesitan una explicación muy diferente.



1. Las Bienaventuranzas son el código del Reinado de Dios.


1.1. Diferencias entre los evangelistas

Mateo las presenta así, con una solemnidad extraordinaria, como principio del Sermón del Monte, pero ya Jesús ha hablado antes del Reinado de Dios, y Juan Bautista mismo en el evangelio de Mateo. Ya sabemos que hay que considerar cada evangelio por separado, pues cada evangelista tiene una visión teológica distinta de Jesús.
Todos coinciden en lo fundamental, pero presentan a Jesús de manera distinta.

1.2. de Israel a todos o sea la Unamidad entera esta llamada

Por ejemplo, para Mateo la comunidad cristiana universal, los paganos, entran a formar parte del pueblo de Israel, por lo que en la genealogía de Jesús él escribe: "Jesús, hijo de Abrahán, hijo de David" .
¿Por qué pone HIJO DE ABRAHAN, cuando ninguno de los otros evangelistas comienza así?  
Porque a Abrahán se le hizo aquella promesa: "En tu nombre -o por tu nombre- se bendecirán todas las naciones de la tierra" .
Es decir que, de alguna manera, todos los pueblos de la tierra serían descendientes de Abrahán. Y esta promesa la recoge Mateo interpretando que,  en la edad final, cuando llega el Mesías, el nuevo Israel, el Israel definitivo, el Israel mesiánico, ya no son las doce tribus aquellas, sino que será la Humanidad entera, porque toda la Humanidad  participará de la bendición que se dio a Abrahán. De manera que los paganos se integrarán también en el nuevo Israel y todas las promesas hechas a Abrahán, y  después de él, serán para todos los pueblos del mundo.

         1.3. Los evangelistas escriben en funcion de su comunidad eclesial

Ante "el hecho de Jesús" y ante el hecho de la "comunidad cristiana", según las circunstancias en que se encuentren, los evangelistas lo interpretan de manera distinta. Es decir, dan una visión teológica diferente, y ésta no viene de Jesús, sino de ellos. Ellos ven así la cosa. ¿Por qué la ven así? Pues porque las circunstancias se lo imponen o se lo aconsejan.


1.4.El evangelio de  MATEO

Mateo se encuentra ante una oposición furibunda de los fariseos. Está viviendo en un ambiente donde hay una hostilidad enorme por parte de los judíos.
La comunidad donde escribe Mateo es una comunidad fundamentalmente judía y, entonces, los judíos no cristianos están diciéndoles a los suyos que son unos traidores y que, al admitir a los paganos dentro del judaísmo, han traicionado a éste. Y, ante esa acusación, Mateo tiene que explicar este problema, y por eso dice : "Ya en Abrahán estaba dicho que todas las naciones se bendecirán con su nombre": por lo tanto, todos los hombres tienen derecho a llamarse hijos de Abrahán y descendientes suyos. Y éste es el plan de Dios también: que toda la Humanidad entre dentro de la bendición  que se prometió a Abrahán y a su descendiente, que es el Mesías. De manera que la bendición de Abrahán va a ser realidad en el Mesías, y el Mesías va a realizar aquella promesa universal. Por tanto, toda la Humanidad entra dentro. No somos traidores; ustedes son los que han ignorado esa promesa universal. Esto es lo que responde Mateo a los judíos que les atacan.
Las circunstancias en que viven fuerzan a Mateo a hacer una síntesis teológica de la obra y de la figura de Jesús, que responda a la polémica que tiene delante. Pero eso es ya la visión teológica de Mateo. Por eso, siempre decimos que cada evangelista hay que considerarlo por separado, teniendo en cuenta la visión teológica que ha dado de la vida de Jesús. Según esto, ahora hablamos de la Bienaventuranzas de Mateo exclusivamente, sin compararlo con los demás.

1.5. El reino de Dios

Juan Bautista ya habla en Mateo del Reinado de Dios: "Enmiéndense, porque el Reinado de Dios está cerca" . Jesús toma de nuevo ese pregón de Juan Bautista y dice exactamente lo mismo.
El Reinado de Dios se da como una realidad conocida. De hecho, era la gran expectativa de Israel. Ya se dice en muchos salmos  -por ejemplo - que Dios es el rey de Israel. Pero la época en la que se escriben esos salmos y en que predican los profetas es una época de desastre político: Israel está en gran inestabilidad -la Monarquía está para caer o ha caído, y están sometidos a imperios extranjeros-, por lo que poéticamente podían decirle a Dios: "Tú eres nuestro rey", aunque la realidad era que eso no se veía por ninguna parte, pues estaban sometidos a reyes extranjeros. Por eso, hay una esperanza, que va creciendo, de que llegará un momento en que, realmente, Dios sea el Rey de Israel, y así los libere de todo dominio extranjero. ¿Cómo se concebía ese reinado?: Se pensaba que se instauraría  por medio del Mesías.

1.6. El Mesias

El Mesías sería un hombre extraordinario, lleno de fuerza de Dios, que cambiaría inmediatamente la situación y vendría el reino de la prosperidad, de la paz y del dominio sobre los extranjeros. El Mesías era considerado como
1.                       Un segundo Moisés, que había de aplicar la Ley y llevarla a su perfección; y
2.                       Un segundo David, un rey guerrero, que liberaría a Israel del dominio romano y que, además, impondría su yugo sobre todas las naciones.

Este es el concepto común del Reinado de Dios, y esto se esperaba de diversas maneras.

 Estaban los saduceos , que eran la clase dirigente, puesto que tenían el poder económico. Este partido estaba integrado por la aristocracia civil -las grandes familias con extensas posesiones de tierra- , y la aristocracia religiosa o sacerdotal. Por tanto, éstos no tenían ningún interés por el Reinado de Dios, ni por el Mesías, ni por nada. Todo cambio les parecía peligroso, porque ponía en peligro  su situación de privilegio. Ellos tenían su componenda con los romanos y se arreglaban bien.

Estaban después los fariseos,  que eran los observantes devotos de la Ley, los espiritualistas: éstos decían que el Reinado de Dios vendría cuando el pueblo observara perfectamente la Ley. Eran unos espiritualistas inactivos. Odiaban a los romanos, por supuesto, pero la única táctica que ellos proponían para que viniera ese Reinado de Dios, que era la observancia de todos esos mandamientos, no hacía vacilar el poder romano. Por lo tanto, eran unos espiritualistas no comprometidos, pues, de hecho, no movían un dedo para mejorar la tristísima situación social en que se encontraba Palestina, donde había una enorme opresión y muchísima hambre. Los latifundistas habían acaparado la tierra, especialmente en Galilea -la región más rica- , y la gente no tenía para comer y se organizaban bandas para robar , ya que no podían conseguirlo de otra manera. Ante esto, los fariseos decían: "Ya Dios lo arreglará; vamos a ser buenos y a cumplir la Ley, que ya Dios se encargará de solucionarlo". Esta era la actitud farisea: espiritualistas, tremendamente religiosos, pero sin ningún compromiso con la realidad social en que vivían. Y éstos eran los guías espirituales del pueblo. No eran ricos, y muchas veces ejercían un oficio, pero, por su religiosidad extrema, tenían un gran influjo sobre la gente y se ponían a sí mismos como modelo.

Otro partido, otra facción que había en el pueblo eran los zelotes, los nacionalistas fanáticos, que habían salido de los fariseos, pero decían que eso de cruzarse de brazos ante la realidad no podía ser, que había que hacer algo para que se acelerara la llegada de ese Reinado de Dios. Y eso lo concebían como una "guerra santa" contra los invasores, una guerra empezada por la iniciativa humana, pero en la que Dios intervendría milagrosamenate por medio del Mesías y salvaría la nación. Estos pertenecían a la clase oprimida y proponían -además de este tipo de guerra- una revolución social nacional, que mejorase la condición de los pobres, por lo que una de las cosas que hicieron en la guerra fue quemar los archivos de las deudas que la gente tenía, y que estaba en Jerusalén. Proponían también una revolución política para sustituir a toda aquella jerarquía traidora y colaboracionista con los romanos, que pertenecía a la clase adinerada, a los saduceos.

Y, por último, había otro partido o facción, otro sector, que eran los esenios, que no se nombran en los evangelios (los zelotes sí se nombran, pues uno de los Doce era zelota). Estos esenios se retiraban al desierto, porque estaban en ruptura total con todas las instituciones: no iban al Templo, ni aceptaban a los Sumos Sacerdotes ni a la jerarquía. Eran observantes de la Ley y vivían allí retirados en el desierto, donde tenían sus ceremonias y sus ritos, siendo unos célibes y otros casados. Se consideraban "los elegidos", el auténtico Israel que heredaría todas las promesas. En la época de Jesús habían adoptado también el fanatismo de los zelotes: participaban en ese deseo de la guerra santa y, de hecho, entre los libros de aquella comunidad, existe un tratado sobre la guerra santa, donde se describe cómo el Mesías se pondría a la cabeza de unos escuadrones, tocarían unas trompetas y vencerían a los paganos. Todas las fantasías propias de un pueblo oprimido y poco realista.
Estos eran los principales grupos o facciones. Todos concebían el  Reinado de Dios: Los saduceos, para rechazarlo, ya que eran la clase dirigente y no querían cambios. Los fariseos para decir que sí, que Dios lo mandará y que, para que llegue, lo que hay que hacer es ser buenos. Los zelotes, para decir que, además, hay que arrimar el hombro, por lo que eran violentos y terroristas. Y los esenios, compartiendo esta misma ideología.

Pero todos estos partidos suponían que las "instituciones de Israel" eran intocables; incluso los más extremistas, los fanáticos zelotas, eran unos reformistas radicales.

Nadie ponía en cuestión las instituciones de Israel: ni el templo, ni la monarquía, ni la Ley;

Todo debía continuar, aunque, como estaba mal dirigido, había que cambiar los dirigentes, de forma que todo funcionase en el plan jerárquico que ellos concebían.

Esta era la concepción del Reinado de Dios en aquel tiempo.
Y ahora Jesús pronuncia la frase 

"Enmiéndense , porque está cerca el Reinado de Dios"   (Mt 4,17).

 Este " enmiéndense"  ya le quita muchos aspectos en los que pensaban los judíos. Por ejemplo, el Reinado de Dios no va a ser cuestión de una guerra, ni cuestión de un cambio de régimen, que es lo que ellos querían, sino que necesita una opción personal por la justicia: y eso es antes; es decir, primero es una opción, y luego vendrá el Reinado de Dios. De manera que lo primero que tiene que hacer el hombre es decir "Yo acabo con mi vida de injusticia y empiezo una vida de justicia con el prójimo". O sea, lo que se llama ser honrados. Una vida de honradez, una vida de no hacer daño, de no explotar a nadie.



Enmienda o conversion

Este "enmiéndense"  se suele traducir en algunas Biblias por "conviértanse", pero esto último está mal traducido. Este verbo hebreo nunca se traduce en griego por "convertirse", sino por "metanoeo", que es igual a enmendarse. Y la diferencia es ésta:

1.                      'convertirse o volverse hacia...' es un verbo de contenido teológico: uno se vuelve hacia Dios y, entonces, por respeto a Dios, se porta bien con los hombres. En cambio, el otro verbo,
2.                      'enmendarse', no dice relación a Dios, sino que significa 'cambiar de actitud mental': es decir, que yo tengo una actitud y tomo otra distinta; de una actitud, por la que me porto con el prójimo como me da la gana, paso a otra por la que me porto bien con mi prójimo. O sea, que  no es por respeto a Dios, sino por respeto al hombre. Y  esto es muchísimo más fuerte. De manera que, sin necesidad de recurrir a Dios, el mismo hecho de que 'todos somos personas' ya me obliga a comprender que yo no puedo comportarme mal con otra persona. Este es el verbo que usan los evangelistas en este caso.
3.                      Jesús lo que dice es 'enmiéndense', pasar de un modo de vivir injusto a un modo de vivir justo; y esto,  por el hecho mismo de que todos somos personas.

Eso es motivo suficiente para que no nos portemos mal. Y antes de recurrir a Dios, de manera que sea un acto humano: y esto es condición para el Reinado de Dios; sin esto no hay posibilidad de que llegue el Reinado de Dios "que está cerca".
Y no se trata de un cambio exterior, como cuando dice 'ahora viene el Mesías, cambia el régimen, quita a los dirigentes corrompidos, pone a otros que sean buenos, se pone él al frente y dirige el cotarro, que son todas cosas exteriores al hombre;
Sino que lo primero que pide Jesús es un cambio interior: este propósito de portarse con justicia, de no contribuir personalmente a la injusticia que existe en el mundo. De modo que, con esto, quita ya toda la cuestión guerrera que estaba contenida en el concepto de Reinado de Dios.
El Reinado de Dios significa que Dios es Rey y, por lo tanto, que él se entiende con el hombre directamente. Esta afirmación del Reinado de Dios supone una amenaza virtual para todo poder que se interponga entre Dios y el hombre. Dios va a gobernar directamente al hombre. Esto lo entendían los judíos como que sucedería a través del Rey Mesías, pero aquí Jesús, hasta ahora, no dice más que eso: el Reinado de Dios puede tener ese significado.

Jesús llama a cuatro pescadores
Después de este pregón, Jesús llama a cuatro pescadores, a dos parejas de hermanos. Esta llamada -que es  distinta para el primer caso y para el segundo- es para hacerlos "pescadores de hombres", es decir para atraer a los hombres a este Reinado de Dios que va a empezar. Y ellos "lo dejan todo y siguen a Jesús". Ya tenemos aquí el modelo de cómo hay que seguir a Jesús:
Hay que desprenderse de un pasado.

Esta llamada de los cuatro, en realidad, no es de los cuatro, sino de dos y dos. Dos parejas de hermanos, de los cuales la primera pareja son dos hermanos que no tienen ningún vínculo más que el de la igualdad de hermanos; y tienen nombres griegos -Simón y Andrés-, lo que indica que son gente más abierta.
En cambio, la segunda pareja -Santiago y Juan- tienen nombres hebreos y, además, no sólo son hermanos, sino que tienen un padre -Zebedeo-, que es la figura de la autoridad.
De manera que están unidos, no sólo por el vínculo fraterno, que es un vínculo entre iguales, sino por un vínculo de superioridad que domina a los dos.

Con esto está describiendo Mateo -como Marcos- dos grupos de la sociedad judía:
Los más abiertos y los más conservadores; los que pueden tener mayor libertad, porque no están sometidos a una autoridad, y los que viven en una sociedad jerárquica, que es lo que representa la figura dominante del padre.
Y ésta es la llamada a Israel, la invitación a Israel, representada por estos dos grupos. Después, Jesús va por toda Galilea enseñando y curando a todos los enfermos que llegaban de todas partes. Y ahora viene el SERMON DE LA MONTAÑA.


















2-PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS


"Lo siguieron grandes muchedumbres de gente llegadas de GALILEA  (la región norte de Galilea), DECAPOLIS  (la de enfrente,  al otro lado del lago), JERUSALEN (el centro), JUDEA (la provincia del sur), y TRANSJORDANIA"  (al otro lado del río) (Mt 4,25).

Esto era el antiguo reino de David. O sea, todo Israel, de alguna manera, está siguiendo a Jesús. Pero es un seguimiento diferente de los cuatro de antes, pues esta gente no ha dejado nada.
Tienen una simpatía por Jesús, pero todavía no son discípulos suyos. Ven en Jesús una esperanza y le siguen.

Al ver las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. El tomó la palabra y se puso a enseñarles así.

Esta es la introducción.
Reacción de Jesús ante el gentío que le sigue:

Se sube a un cerro.

Y vemos que dice "al monte", pero no dice a qué monte. Normalmente el evangelista debía decir: se subió a "un monte" porque, si no dice el nombre y nadie sabe cuál es, se pone el artículo indeterminado.
Sin embargo, dice "al monte", como si ese monte fuese  conocido por todos.
¿Por qué habla así el evangelista?  
Pues porque el "monte" en todas estas culturas y en los evangelios es el lugar simbólico de la presencia de Dios en relación con la historia humana.
A Dios se le atribuye como morada el cielo.
Todo es metáfora, claro, que hay que usar símbolos.
Siempre, en todas las culturas humanas, lo excelente se pone arriba y lo despreciable abajo. Por eso siempre, en todos los pueblos, desde los animistas a los cristianos, se ha dicho que Dios está arriba, aunque en realidad no está arriba ni abajo, ni a la derecha, ni a la izquierda; pero instintivamente tomamos el símbolo de la altura para representar la excelencia.
Por lo tanto, el cielo es la morada de Dios. Es un símbolo espacial que no corresponde a una realidad, ya que Dios está en todas partes.
Pero Dios se pone en contacto con la Historia humana, y entonces el símbolo que se escoge es "el monte",  que es lo más alto que hay dentro de la superficie de la tierra. De manera que un lugar elevado, el monte, se considera que es un lugar donde Dios se va a manifestar, donde Dios se va a comunicar, donde Dios va a actuar. El monte es el lugar simbólico de la presencia divina en contacto con la Historia humana. Por eso Jesús sube al monte.
En la cultura griega la morada de los dioses era el monte Olimpo. En la cultura judía el Templo estaba en el monte Sión y la Ley se le dio a Moisés en el monte Sinaí. Y este símbolo tradicional lo usan los evangelistas para indicar precisamente el lugar de la presencia de Dios, la esfera divina en contacto con la Historia humana.
Y Jesús se sube a la esfera divina "y se sienta",  porque su sitio es la esfera divina. El ha recibido todo el Espíritu de Dios, él es el Hombre-Dios, él es igual al Padre y, por lo tanto, su sitio es la esfera divina. "Sentarse" significa la estabilidad: Jesús se queda sentado porque ese es su sitio.
Aquí tenemos un paralelo con el antiguo Sinaí. Jesús va a promulgar el código de la Nueva Alianza, el código del Reinado de Dios, que son las Bienaventuranzas.
Y vemos lo bien que lo hace el evangelista. Jesús sube al monte como subió Moisés, pero a Moisés le habla Dios, y aquí es Jesús el que habla. Jesús es hombre como Moisés, y sube al monte como él, pero no habla Dios, sino él, por lo que tenemos al Hombre-Dios. Une el papel de Moisés con el papel de Dios en su persona. El es el Hombre-Dios, el que va a pronunciar esta Nueva Alianza, y por eso va a ser "su Alianza": él es el que hace la Alianza.
Como lo dirá después en las palabras de la Cena: "Esta es la sangre de la Alianza mía". El es el que entabla con la Humanidad esta nueva relación, porque él es la manifestación de Dios en la tierra, como ha dicha Mateo mismo en la escena de la Natividad: Le pondrán por nombre Enmanuel (que significa DIOS ENTRE NOSOTROS).
Jesús es Dios en la tierra, es el Hombre-Dios, el que ha recibido la plenitud del espíritu de Dios.
Y ahora el Hombre-Dios está en el monte y se le acercan sus discípulos. En el Sinaí no se podía hacer eso. Precisamente sube Moisés sólo, y el pueblo tiene que quedarse más allá de un límite fijado y, al que se atreva a pasar ese límite, le caerá encima un castigo divino. Ahora, sin embargo, esa separación entre Dios y el pueblo se ha terminado. Los discípulos, que han hecho su opción por Jesús, tienen derecho a entrar en la esfera divina; ellos pertenecen ya también a la esfera divina;  están con Jesús en ella. El pueblo, la multitud que está fuera, que no ha hecho todavía una opción, no está con ellos. Ahora se acabarán las mediaciones porque Jesús toma el papel de Dios mismo, y todos los que siguen a Jesús tienen acceso inmediato a él que, a su vez, es el acceso a Dios. Ya se acabaron los intermediarios.

"El tomó la palabra... (esto lo pone Mateo como frase solemne) y se puso a enseñar así".

A los discípulos, pero la multitud lo oye. De manera que, en cierto modo, la multitud está invitada a lo que Jesús dice. Directamente se refiere a los discípulos, pero indirectamente a la multitud, a la Humanidad entera.
"Enseñar" no es informar: hay una diferencia. Informar es hacer conocer algo que uno no conocía, y enseñar es hacer conocer algo que uno no conocía pero que, además, tiene que ser aplicado en la vida del discípulo. De manera que ser discípulo significa aprender del Maestro para traducirlo en sus propia conducta: porque aquí lo que se enseña es una manera de vivir.
No son teorías, sino una manera de vivir. Por tanto, lo que Jesús va a decir ahora es para su inmediata aplicación por parte de los discípulos y de todos los que le escuchan. Y empieza :

"Dichosos los que eligen ser pobres, porque ellos tienen a Dios por Rey".

Los mandamientos de la antigua Ley eran imperativos, futuros que son imperativos: "no jurarás, no matarás", etc. : es el Dios impositivo.
Pero en la Nueva Alianza no hay ninguna imposición, sino una invitación. Y quizá más bien el proponer un ideal que suscite la activación del hombre.
"Dichosos...": las ocho empiezan así.
Ni una sola  imposición.
Vemos el cambio de estilo.
Aquí Dios ya no es el soberano: eso era del Antiguo Testamento.
Aquí Dios será el Padre. "Dichosos..." ¿Quién quiere entusiasmarse con esta idea?: porque esto tiene una promesa de felicidad.
Y ahora, antes de empezar a explicar cada una de las bienaventuranzas, vamos a ver la estructura de las ocho, cosa muy importante para entenderlas .

La primera es "Dichosos los que eligen ser pobres, porque ellos tienen a Dios por Rey", y
La octava es "Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque estos tienen a Dios por Rey". 

Como vemos, ambos tienen la segunda parte igual.
La traducción ordinaria de la última es: "...porque de ésos es el Reino de los Cielos".  El  "Reino de los Cielos" es el " Reino de Dios", y suele explicarse que Mateo pone "de los cielos", en vez de poner "de Dios" por reverencia al nombre divino. Ya sabemos que los judíos no pronunciaban nunca, por respeto, el nombre de Dios. Más bien decían "la Fuerza", o "la Potencia", o "el Bendito", etc. Y, claro, como Mateo es tan judío, lo nombra así.
Pero esto no es cierto: porque hay otros casos en los que dice el "Reino de Dios", concretamente en tres ocasiones. Entonces ¿por qué hace esta distinción?.
Estudiando el texto se saca esta conclusión: cuando Mateo habla del Reino de los Cielos lo que significa es la universalidad de su Reino: un reino destinado a una Humanidad entera.
En cambio, cuando habla del Reino de Dios significa, entonces, el reino que espera Israel: la prueba es que lo usa en  tres contextos en los que se refiere al pueblo judío, a su expectativa.
Como para nosotros "los cielos" es una cosa impersonal, no vemos esa distinción, y por tanto es mejor traducir "el Reino de Dios".
Mejor aún, el "Reinado de Dios", pues la palabra no significa  reino sino reinado, que no es lo mismo.
Esta palabra griega -"basileia"- tiene tres significados:
1: la realeza, es decir, la dignidad del rey: el que tiene esa dignidad y, por lo tanto, tiene derecho a gobernar al pueblo;
2: el reinado, que es la actividad del rey, que nace del hecho de que es rey, de que tiene la realeza;
y 3: el reino: es decir, el territorio de los súbditos sobre los que se ejerce el reinado. En griego tiene, por tanto, estos tres significados. Pero como esto es una traducción de una palabra aramea -"malkut"-,  en arameo significa "reinado": es activo; es la actividad de gobierno que Dios ejerce.
Por tanto, la primera y la última bienaventuranzas tienen el mismo colofón: "porque ésos tienen a Dios por rey"  o "porque sobre ésos ejerce Dios su reinado". Pero, además, éstas dos tienen una relación particular entre ellas: son como el marco en el cual entran las otras seis.  En éstas dos está el verbo en presente: "porque ésos tienen a Dios por rey": tienen ya, ahora. El Reinado de Dios es una realidad que existe ya. Sin embargo, todas las demás tienen los verbos en futuro: "Dichosos los que sufren porque ésos recibirán el consuelo", "Dichosos los sometidos porque ellos heredarán la tierra"... De manera que la primera y la última son una realidad presente, mientras que las otras seis son una realidad futura: esto es muy importante.
Es una realidad que existe ya y una realidad que tiene que existir, que existirá después. Ya vemos qué sentido tiene esto.
En las otras seis hay dos grupos claros: tres y tres. Las tres primeras -la segunda, la tercera y la cuarta- hablan de una situación negativa, de una situación dolorosa de la Humanidad, y se hace una promesa que va a remediar esa situación dolorosa: "Dichosos los que sufren, porque ésos recibirán el consuelo; dichosos los sometidos, porque ésos van a heredar la tierra"...  Es decir, sufrir, estar sometido y padecer injusticia son situaciones negativas, y hay tres promesas de que esas situaciones se van a remediar. En cambio, las otras tres -la quinta, sexta y séptima- hablan de actitudes positivas, que también tienen una promesa: "Dichosos los que prestan ayuda, porque ésos van a recibir ayuda; dichosos los limpios de corazón, porque ésos van a ver a Dios, y dichosos los que trabajan por la paz, porque a ésos Dios va a llamarlos hijos suyos".
De manera que ya hemos visto la estructura: primera y última en  presente, expresando una realidad que tiene que existir ya. Las seis que están en medio, en futuro. De ellas, las tres primeras describen situaciones negativas del hombre, y Jesús promete ahí la solución a esas situaciones. Las otras tres son actitudes positivas, y Jesús también da una promesa de felicidad y de beneficio.

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