viernes, 24 de junio de 2011

Introduccion y CAPITULO I Aportaciones de la psicologia al juego infantil


Fundamentos de psicología infantil
H. Zulliger
Edit- Morata


Introducción

fiebres que nadie sospechaba después de dónde podían provenir. En otros casos, cuando un niño se asustaba de la oscuridad y no se atrevía a entrar en ciertos recintos, como sótanos y buhardillas, o si sentía temor al oír una tormenta, se le castigaba o se le ponía en ridículo.
Con Kleinen Hans procedió FREUD de la siguiente forma. Solicitó del padre la información total del proceso de desarrollo de su hijo, proceso en el que FREUD iba penetrando mediante la psicología profunda.
Dio a los padres consejos sobre cómo debían comportarse y hablar con el niño en relación a la fobia. Les especificó los puntos que podían explicarse de los antecedentes revelados en el análisis de su inconsciente y, poco a poco, el niño recobró totalmente la salud.

Del Analyse des Kleinen Hans han surgido después la Pedagogía psicoanalítica y la Psicoterapia infantil.

La Psicoterapia infantil fue cultivada por los discípulos de FREUD, que se separaron del maestro en busca de métodos propios personales, como G. G. JUNG, seguido de ADLER Y FURTMÜLLER,
Melanie KLEIN, Ana FREUD, y asimismo de otros muchos dedicados al psicoanálisis infantil.
Es posible que todos ellos hayan aportado la contribución de importantes elementos al desarrollo de esta nueva ciencia. Sólo el tiempo y la experiencia mostrarán lo que en ello hay de aprovechable o deberá ser desechado, pues, como se dice en aquellos preciosos versos de GOETHE: .

Eines schickt sich nicht für alle,
Sche jeder, wie er's treibe,
Sehe jeder, wo er bleibe,
Und wer steht, dass er nicht falle!'


No todo es para todos
Vea cada uno de lo que es capaz
Vea cada uno donde esta
Y el que este en pie, que no caiga






CAPITULO I

APORTACIONES A LA PSICOLOGIA DEL JUEGO INFANTIL

En un camino bordeado de un seto vivo juegan juntos tres niños y dos niñas de entre cuatro y seis años de edad; sus madres, jóvenes, sentadas a la sombra cerca de ellos, hablan y hacen punto, al mismo tiempo que vigilan a sus hijos.
Estos encuentran un arbusto, que casi a flor de tierra se abre en dos ramas. En el lugar donde éstas se unen hay un agujero negro en forma de hendidura hacia la raíz, casi totalmente cubierto por ambos lados de una gruesa corteza verde. La abertura, sin embargo, es lo suficientemente amplia para que por ella quepa la mano de un niño. Y se desarrolla la escena siguiente:

Una de las niñas pregunta si se atreve alguno a meter la mano. «Eso sería peligroso ‑dice uno de sus compañeros‑, puede haber un bicho ahí dentro.»
«¡Un ratón!, ¡que te muerde en los dedos!» ‑grita la mayor de las muchachas retirándose unos pasos.
«O una tijereta ‑opina el mediano de los niños‑. A mí una vez me picó una y me hizo sangre.»
El mayor levanta su dedo recomendando prudencia y manifiesta su temor de que allí haya una serpiente en su nido y que posiblemente estén con ella sus crías.
El más pequeño, mientras los demás se mantienen pensativos a una distancia respetuosa formando corro, empieza a orinarse en la abertura.
Esto hace gracia a sus compañeros y todos se ponen a hacer lo mismo, pero una de las niñas advierte: «¡No os acerquéis mucho!»
«¡No importa!» ‑le responden‑, «¡tenernos que ahogar a las serpientes!».



Las madres, que se han dado cuenta de todo, se ríen a carcajadas. «Tiene gracia esto ‑dice una de ellas moviendo la cabeza‑. A esta edad, los chicos no pueden pasar delante de un agujero sin orinarse en él.»

Su compañera hizo señas de comprensión, después se dirigió a los niños, y dijo: «¿Qué os habéis creído, cobardes? ¡Ahí no hay ninguna serpiente!»

Los niños entonces se ponen a llenar el agujero con arena del camino.
Lo tapan hasta el borde, de tal forma que queda encima un mentoncito.
Entonces uno de ellos arranca una ramita de avellano, le quita la corteza por la parte inferior y la clava en el pequeño montón de arena.
 «¡Veréis cómo ahora sale de aquí un arbolito!»

Después de esto surge una pelea.
Una de las niñas ha arrancado la rama y quiere quitar también la arena.

Las madres intervienen, encuentran sucio lo que sus niños están 'haciendo; cada una con los suyos regresa a su casa, que no se halla lejos de allí, en la avenida principal.

Podemos preguntarnos ahora el sentido del juego colectivo inventado por estos niños.

 ¿Qué significa y por qué les gusta a ellos?

En parte ha sido ya dado a entender su significado por las mismas madres.
Estas han interpretado el orinar en el boquete como símbolo del coito.
Por intuición han adivinado la verdad.

Los niños se «reprimen» menos que los adultos en sus acciones.
El simbolismo de los sueños infantiles es más primitivo, más «burdo», más claro, y, por consiguiente, más fácil de interpretar; porque su yo, todavía no desarrollado totalmente, opone a la exteriorización de los instintos obstáculos menos fuertes que los opuestos por nuestro yo.

En el juego que acabamos de describir, el simbolismo es tan claro, en parte, que las madres adivinan sin dificultad alguna el sentido.
Pero, además, las circunstancias exteriores ayudan a ello: las ramas serían como piernas separadas, el agujero romboidal de bordes abultados, que se pierde en la oscuridad e invisibilidad de su hondura, fácilmente puede compararse a los genitales femeninos. La orina hace en este caso las veces del esperma en el acto de la copulación.

Como psicoanalistas, podemos añadir que el rellenar la abertura con arena e introducir la rama o varita corresponde también al simbolismo del coito.
Vernos actuar aquí exigencias uretrales, anales y fálicas (orina‑arena‑vara).
Recordemos que en el simbolismo del sueño la vara reemplaza por regla general al pene y que, incluso, en el lenguaje corriente, los alemanes designan a veces al pene animal con la palabra Rute (vara).
Sin embargo, en este caso la varita puede tener otro significado, podría reemplazar al hijo (« ¡Veréis cómo ahora sale de aquí un árbol nuevo! »).
 Si se considera al arbusto como mujer, como madre, contraponiendo el árbol «viejo» al «joven», entonces la varita viene a ser un niño nacido del coito que se ha producido simbólicamente.
Así, pues, el juego es también símbolo de la generación, representa el nacimiento de un niño.
Pero esto no es todo. Recordemos la primera parte del juego. Se iniciaba con la pregunta de una de las niñas sobre quién era capaz de introducir allí la mano y dejó ver después la existencia y el dominio del miedo.
Se teme hallar en el agujero un ratón , un insecto o serpientes.
El ratón podrá morder en los dedos, el insecto podría picar hasta hacer sangre, la serpiente es un animal peligroso al que hay que temer porque causa la muerte.
El ratón es motivo de miedo para las mujeres en general;
El insecto, que había picado a uno de los niños, despierta el temor a la castración, y
La serpiente es y ha sido siempre y en todas partes el símbolo por excelencia del pene.

En la sospecha de que pudieran hallarse animales en la cavidad, se manifiestan bien las diferentes fantasías infantiles.
Se cree que en los genitales femeninos hay escondido un pene peligroso.
Además se supone que allí dentro hay unos niños, unos hermanitos ‑así se interpretan en el simbolismo de los sueños los animalitos, las sabandijas, indeseables rivales a los que se quiere arrojar fuera.
La solución es que uno mismo engendre un hijo; la propia orina mata a los supuestos animales; el agujero se rellena con arena, y en él se clava la vara.
Las sesiones psicoanalíticas están continuamente descubriendo esta clase de fantasías infantiles.
Por ser frecuentes puede suponerse que existen en todas las personas.
El pene supuesto en la vagina de la madre se revela generalmente como el del padre.

Vemos, pues, cómo confluyen en el juego las tendencias que proceden del complejo de Edipo. Las muchachas quieren dejar vacío el vientre de la madre embarazada (téngase presente cómo termina el juego), tienen envidia de ella porque lleva un hijo en sus entrañas.
Se imaginan que este niño es lo que ha quedado del pene que la madre, tomó del padre en el acto del coito.
El deseo de poseer también ellas lo que la madre tiene en el vientre se corresponde con el complejo de Electra.
Los muchachos quieren hacer inofensivo el pene paterno, que ellos suponen en la madre, y pretenden cada uno sus­tituirlo por el suyo propio.
De esta forma quedaría explicado el contenido simbólico del juego.

El sentido psicológico es el siguiente:

El juego es afín al sueño, mucho más todavía al trauma, y, especialmente, al síntoma. Significa una irrupción del instinto en una forma apenas disfrazada, apenas reprimida por el yo (conciencia, censura), que aún no se ha formado completamente. El placer del juego se comprenderá por este relajamiento de las tendencias instintivas. Puede ayudar también a ello la imposición de la propia voluntad frente a la de los padres y el «placer de lo prohibido».
Económicamente, el juego significa también una desvia­ción de las tendencias instintivas, la supresión de alguna repugnancia, la eliminación o bien la transformación de una angustia en placer, un compromiso entre las bajas tendencias sexuales y las exigencias de la estructura del Yo, una sa­tisfacción del instinto acomodada al Yo.

Desde el punto de vista social:

El juego equivale a un intento de conjugar las exigencias apremiantes del instinto con las leyes de lo permitido y con el principio de la realidad.
Sería preciso investigar si estas funciones del juego in­fantil tienen validez general y 'universal. Si nos propusié­ramos penetrar más profundamente en la psicología del juego infantil, nos parecería imposible una respuesta al pro­blema, incluso aun cuando sólo quisiéramos aproximarnos a él en términos generales. Pues en cuanto se echa una ojeada al material concreto, pretendiendo sacar de él consecuencias empíricas, nos encontramos abrumados ante un caos, indescifrable. El número de los juegos es ilimitado. Su forma es tan variada, que parece imposible hacer esque­mas y clasificaciones.

Si, a pesar de eso, lo intentamos, podemos limitarnos a considerarlos divididos en dos grandes grupos:

1. Juegos solitarios.
2. Juegos colectivos.

Después se pueden distinguir:

a) Juegos inventados por los niños.
b) Juegos elegidos por ellos.
c) Juegos impuestos a los niños.

Y además:
d) Juegos de una sola significación.
e) Juegos de varias significaciones.

A continuación expondré ciertos juegos inventados por los niños y trataré de describirlos e interpretarlos breve­mente. Yo mismo he podido observarlos o he recogido in­formación sobre ellos de fuentes absolutamente fidedignas. Algunos han sido analizados; de otros he hablado tanto con los niños mientras jugaban, que sólo con eso ha quedado interpretado su simbolismo. Aparte de esto, estoy convencido de que, incluso en juegos iguales o parecidos, diferentes ni­ños obrarían impulsados por fundamentos y motivos tam­bién distintos.

Por eso no pretendo generalizar los casos particulares observados, sino sólo manifestar la impresión que tengo de que en todo juego infantil hay algún contenido simbólico, psicológico, económico y social.



1. JUEGOS SOLITARIOS

1.1.Juegos Inventados

Cierta niña de cuatro años orina en un hoyo del jardín y con la tierra mojada hace tortitas.
Habiéndole preguntado qué hace, contesta:
 «¡Estoy haciendo pasteles!»
Estruja luego la tierra entre los dedos disfrutando al ver salir por entre éstos la masa en forma de salchicha y grata llena de júbilo: «¡Mira cómo hago “caca”¡

Seve claramente que el placer de este juego radica en la satisfacción uretral ‑ anal ‑ oral del instinto, fuentes de satisfacciones del instinto respectivo.

Otra niña de tres años y medio (nos lo refiere su madre) es sor­prendida jugando con sus propios excrementos en el patio.
Ha puesto el pie parte de ellos, como si fueran tres palos redondos. La madre se la lleva para limpiarla y la niña le dice llorando: «¡No me quites mis hijitos!»


Este juego podía llamarse el niño anal.
Como complemento de éste he aquí otro:


Una niña de cuatro años llena con su propia orina una botella, la envuelve en los vestidos de una muñeca y dice que es su niño.

Este correspondería a: El niño uretral.

Cierta niña de año y medio está jugando con un huevo de zurcir; éste se le cae y rueda lejos de ella. La niña se muestra contrariada y apenada, pero cuando lo descubre va en busca de él arrastrándose llena de alegría, lo coge y lo echa a rodar para tener después la satisfacción que manifiesta al volver a cogerlo.

Motivo: perder la madre, volver a tenerla, Abreaktion des Entnungstraumas (= abreacción del trauma del destete).

Un niño de seis años hace en una pendiente un caño subterráneo de barro y lo cubre con tierra. Después echa agua por él con una vasija y, señalando lleno de alegría la salida, como si fuera un «manantial», se dedica a mirarlo con todo interés. Después le pone una boquilla y al conjunto lo torna por una «fuente».

Junto a la parte anal‑uretral posiblemente desempeñen aquí su papel la curiosidad sexual y el dominio del miedo a la castración.

Un niño de cuatro años, que acaba de tener un hermanito, está entretenido en el jardín cortando con un palo la cabeza de los tulipanes, cosa que no había hecho nunca.

            Seguramente en este juego se manifiestan los deseos de deshacerse del niño nuevo. (Beseitigungswünsche.)

Una niña de dos años se divierte en su camita encendiendo y apagando la luz eléctrica y dice: «¡Ana hace de día, Ana hace de noche!»

Puede valorarse esta conducta como deseos narcisistas de omnipotencia.

Como complemento de esto y unido a la envidia del pene, así como a fantasías de potencia de, origen uretral, tenemos el ejemplo siguiente:

Una niña de cuatro años pasa largo rato en el retrete de su nueva casa entretenida en vaciar el depósito de agua indefinidamente cada vez que se llena. La madre va a ver qué pasa, extrañada de que tarde tanto tiempo en salir y del ruido del agua. La pequeña, con ojos radiantes de alegría, dice: «¡Conmigo sale tanta agua como con Federico!» (el hermanito).

Un niño de once años ha hecho un agujero en su balón, lo llena con el agua sucia de un estercolero, y desde un árbol, en el que se ha encaramado, se pone a echarles agua con el balón a las niñas que pasan. Fantasía anal-uretral de la fecundación.

Un niño de trece años pasa tres veces por la estrecha baranda de un puente. Cada vez que salía de ella sin novedad se ponía muy contento. Habiéndole preguntado por el sentido de su entretenimiento, contesta: «He dado a Dios la ocasión de matarme y como no me ha matado, supongo que estará contento conmigo.»

Lo que resulta de aquí es que el muchacho padecía un grave sentimiento de culpabilidad por masturbarse. La masturbación tenía como contenido el incesto materno y el miedo a la castración. Su juego para él tiene el siguiente significado: que, si Dios no lo castiga, ninguna desgracia le amenazará.

Un niño de cinco años, mientras su padre está de viaje, se pone el sombrero viejo de éste y la capa, coge su bastón y juega airse de viaje.

Como acaba de llegar la noticia de que el padre está ya de vuelta, el juego este no sólo significa identificación con el padre, sino también un «gesto mágico» en el sentido de LIEBERMANS: El padre debe seguir de viaje, hay un deseo contra el padre de alejarle, complejo de Edipo.

Un niño de ocho años juega con unos animales de barro que tiene, «haciéndose» campesino. Se le ocurre vendar a las vacas por el vientre porque dice que acaban de parir. Exteriorización de fantasías sádicas del parto.



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