lunes, 27 de junio de 2011

Psicologia Social Capitulo 1


CAPITULO PRIMERO

ENTRE EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD



1. ¿QUE ESTUDIA LA PSICOLOGIA SOCIAL?


A juzgar por el número de ediciones masivas lanzadas al mercado en los ultimos años, las obras de psicología han gozado de gran popularidad y aceptación. Cabe dudar, sin embargo, que este proceso de difusión haya producido un mejor conocimiento de las personas sobre sí mismas y los demas; lo que ciertamente sí ha producido ha sido el enriquecimiento de un vocabulario aparentemente esclarecedor para uso cotidiano y una consagración de las tendencias más individualistas de las personas como ideales de la vida humana.

Así las cosas:
a.       El individuo calificado ayer de idealista seria tildado hoy de‑‑‑paranoide‑‑‑,
b.       El acto de exigir responsabilidades será calicado como “una proyección” y
c.        Las aspiraciones insolidariamente egoistas de quien no quiere renunciar a sus privilegios se ampararán bajo el multicolor paraguas de "necesidades de auto‑realización".

Con la excepción de la llamada  “dinámica de grupos”, los estudios de psicología social han tenido menor difusión que los análisis sobre la personalidad individual, la sexualidad o los problemas patológicos.
Sin embargo, últimamente hemos visto multiplicarse la edición de obras que global o sectorialmente se ocupan de la psicología social. Es obvio que esta multiplicación responde a las necesidades competitivas de las empresas editoriales más que a las necesidades objetivas de los lectores, ya que los mismos planteamientos se repiten con una monotonía digna de mejor causa, y la innovación en el diseño editorial pretende suplir la ausencía de originalidad en el pensamiento. Este defecto se vuelve más notorio cuando los libros son examinados desde la perspectiva latinoamericana. El contraste entre la propia realidad­ vivida y la realidad presentada en estos estudios resulta cuando menos chocante.

En lo fundamental, el mundo descrito por los psicólogos sociales parece ser otro mundo, otra sociedad. De hecho así es: el mundo presentado por la mayoría de psicólogos sociales es el mundo de los Esta­dos Unidos, sobre todo el mundo del estudiante universitario norteamericano, con sus problemas de identidad sexual y su capacidad para entrar en el juego de grupos pequeños realizando tareas sin sentido alguno.

El lector latinoamericano no puede menos de sentir que los aspectos más cruciales de su propia existencia, de su propia historia, no son ni siquiera tangencialmente considerados y mucho menos estudiados en profundidad. Siente, así mismo, que cuando algunos de los propios problemas son examinados sufren un desencarnamiento similar a la desexualización con que ciertos artistas caracterizan a los personajes religiosos. Son problemas llevados a la abstracción, donde se han recortado las aristas hirientes y se han eliminado los contextos de significación comprometedora.

Lo grave de este contraste entre la realidad histórica vivida en nuestros países y la realidad tal como se presenta en los textos de psicología social, es que parece existir más coherencia en el mundo fantasmal de los libros que en el mundo desgarrado de la cotidianidad. Se trata de una lógica implícita, pero arrastrante. Una lógica enajenadora, en la medida que produce la impresión de completar un universo de sentido.

Tras la lectura, el lector puede incluso experimentar una confianza ingenua en el conocimiento adquirido. Sin embargo, los esquemas propuestos le llevan las más de las veces a aplicar prismas asépticos, que imponen camisas de fuerza y barbarismos presuntuosos a los hechos, personas y procesos de la realidad social. El mundo de estos textos de psicología social es un mundo percibido, es decir, donde la realidad cotidiana parece depender más de los propios esquemas perceptivos que de los procesos objetivos de producción y reproducción social; las personas se guían por pequeños indicadores estimulantes que observan en el ambiente o en las demás personas, y no por las necesidades fundamentales de lograr un trabajo, una tortilla y un techo en una sociedad opresiva e inhóspita;

los grupos parecen elaborar sus normas de convivencia a fin de que cada cual encuentre su función social en un universo armonioso, en lugar de soportar los embates de una estructura social discriminadora que impone presiones y aplica represiones desde las exigencias insaciables de quien controla el poder.

¿Es ésto la psicología social?

Ciertamente, es una psicología social, apta para el consumo masivo de estudiantes universitarios o "dinámicos" empresarios capitalistas.
Por desgracia, para muchos ésta es la psicología social, en nuestra opinión, ni es la única ni es la mejor ‑al menos, para nosotros‑ ni en modo alguno el quehacer del psicólogo social tiene que asumir sus lineamientos.

El problema central de la psicología social en uso no está tanto en algunos de sus hallazgos o en algunas de sus proposiciones específicas, cuanto en el enfoque global que adopta sobre el objeto de su estudio. Dicho de otra manera, el problema se cifra más en sus presupuestos, las más de las veces implícitos, que en sus logros finales, cuya valoración objetiva sólo puede realizarse desde una perspectiva histórica y no aplicando los mismos esquemas que los generan.  

Examinemos esta afirmación de una forma concreta.

La mayoría de los autores de textos de psicología social apenas dedica uno o dos párrafos a definir la psicología social y prefiere precisar su objeto enumerando los temas que de hecho se han estudiado y va a examinar en su obra (ver, por ejemplo, la interesante discusión de Browil, 1972, págs. 1‑5). Esta postura recuerda la respuesta de Binet a la pregunta de qué era la inteligencia. Aunque el creador del primer test contemporáneo había dado definiciones más eruditas (ver Binet, 1903), se cuenta que prefería definir la inteligencia como “aquello que mide mi test”. El problema de estas definiciones es que delimitan la realidad por lo conocido y confunden ideológicamente lo factual con lo posible.
Es bien sabido que el conocimiento es parcial, relativo y limitado, que la propia perspectiva determina aquello que se puede captar.
A ningún astronomo sensato se le ocurre afirmar que el universo espacial termina allá donde terminan los astros y planetas detectados por sus telescopios; ni tampoco pretenden que astros y planetas no sean más que la imagen que de ellos obtienen a través de sus instrumentos de observación.
Precisamente la identificación de inteligencia con lo medido por los tests de inteligencia ha llevado a la crisis actual del concepto de “cociente intelectual” y al cuestionamiento sobre la validez de todo este tipo de medidas (ver Martín‑Baró, 1977; Liungman, 1972; Salvat, 1972).

Reducir la psicología social a lo que de hecho han estudiado y cómo lo han estudiado los psicólogos sociales significa aceptar que una ciencia es definida por aquellos que han dispuesto del poder económico y social para determinar los problemas que debían ser estudiados y las formas como debían resolverse.
En el presente caso, es bien sabido que los problemas actuales tratados por los textos de psicología social son fundamentalmente los problemas que los centros de poder de la sociedad norteamericana han planteado a sus académicos, y las respuestas que los psicólos sociales norteamericanos han proporcionado a estos problemas para afirmarse en el interior del mundo científico de los Estados Unidos (ver Danziger, 1979).
Estas respuestas, claro está, son lógicas en el contexto de este sistema social y de esta estructura productora de conocimiento. Sin embargo, el alcance y sentido de las preguntas están determinados por los intereses de la clase que tiene el poder para plantearlas.

El problema no hay que buscarlo tanto en la lógica interna de la respuesta, cuanto en el sentido de la pregunta; no hay que mirar tanto si la solución es válida al interior del esquema, cuanto si el esquema es históricamente aceptable.

El caso de la llamada "dinámica de grupo",
(Al que volveremos en varios lugares de esta obra), es paradigmático (ver Deleule, 1972, sobre todo págs. 104‑123).
El mismo nombre traduce el engaño. Cuando se habla de grupo se está entendiendo aquí, fundamentalmente, al grupo pequeno (microgrupo), no a los grupos más amplios y mucho menos a las clases sociales.         Más aún, en su gran mayoría el conocimiento existente sobre estos grupos proviene no de los grupos pequeños más importantes y estables, como la familia, sino de agrupaciones circunstanciales, reuniones de estudiantes y hombres de negocios tratando de realizar tareas intrascendentes o de aliviar sus tensiones internas. Por otro lado, la dinámica se entiende fundamentalmente como las fuerzas y procesos que se producen al interior del grupo, en la interacción de sus miembros, como si el grupo pequeño fuera una entidad cerrada e independiente del mundo.

No es que muchos de los procesos descritos y analizados por los investigadores de la "dinámica de grupos" carezcan de validez, al menos parcial, o que los métodos propuestos para el trabajo en grupos pequeños no produzcan los efectos buscados. Como decíamos, los logros tienen o pueden tener sentido una vez que se penetra en la lógica de sus presupuestos implícitos.
El problema se cifra en el enfoque que pretende reducir la esencia del grupo humano a la realidad factual de estos grupos, analizados desde la perspectiva de quien persigue llevar al grupo a que acepte unas metas convenientes a quienes tienen el poder social (ver Lewin, 1943, 1951) o aliviar al interior del grupo tensiones o conflictos cuyas raices se encuentran en la macroestructura social (ver Moreno, 1962). Recuerdo que, en una ocasión asistía yo a una reunión en la que se iban a ventilar importantes conflictos de una institución académica. Al saber que los dos primeros días de la reunión se iban a dedicar en su integridad a ejercicios de ‑dinámica de grupos‑, uno de los participantes comentó públicamente su recelo: “La experiencia me dice ‑señalaba‑ que estos ejercicios le amansan a uno y luego, cuando hay que discutir los problemas, se está más atento a no herir u ofender a los miembros del grupo que a resolver los problemas reales de la institución”.
Es difícil afirmar que en esta obra lograremos superar los límites y condicionamientos de que adolece la psicología social por las pautas y logros impuestos desde los centros de poder académico y científico. Pero ciertamente nuestro punto de partida será la realidad cotidiana tal como es vivida por la mayoría de la población centroamericana y, más particularmente, salvadoreña. No pretendemos tampoco ser imparciales en la elección y enfoque de los temas, con esa pretendida asepsia de quien selecciona por inercia, sin examinar los criterios que, consciente o inconscientemente, están determinando la elección. Elegimos precisamente aquellas situaciones, procesos y fenómenos que nos parecen reflejar mejor los conflictos claves que confronta hoy el pueblo centroamericano.

Ahora bien, muchas son las ciencias que afirman estudiar la realidad social.

¿Cuál es la óptica particular de la psicología social?

¿Existe algún aspecto de esa realidad social que sea objeto peculiar de estudio para la psicología social?

¿O la psicología social estudia los mismos fenómenos que otras ciencias, pero desde una perspectiva propia?

Examinemos esta cuestión a partir de tres situaciones concretas.

TOTURA:
Es bien sabido que la tortura a los enemigos capturados es una triste realidad, casi tan antigua como la humanidad. Sin embargo, la tortura sistemática a enemigos políticos ha alcanzado recientemente en nuestros paises cotas de crueldad repugnantes a la conciencia contemporánea así como un carácter institucional que abiertamente contradice la llamada –vocación democrática‑ de la que los gobernantes de turno gustan proclamarse fieles seguidores.  
Existen pruebas fehacientes de que la tortura es práctica normal para los cuerpos de seguridad en El Salvador. La declaración jurada del reo político Reynaldo Cruz Menjívar (1978), que logro escapar de la cárcel, es un desgarrador testimonio de los niveles de salvajisino e inhumanidad a que puede llegar la relación entre seres humanos (ver Recuadro 1; ver, también, Carpio, 1979).
Ciertamente, la tortura no ha sido uno de los temas de interés de las ciencias sociales, que apenas le han dedicado en el mejor de los casos una atención marginal. Esta falta de atención resulta tanto más sospechosa cuanto que la psicología ha empleado como uno de sus métodos de investigación favoritos el castigo mediante pequeñas descargas eléctricas o aislamiento sensorial que, aunque menores, son claras formas de tortura.

La sociología estudia la tortura desde la perspectiva del control social como característica necesaria a cualquier sistema político.
¿Qué sistemas políticos y en qué circunstancias necesitan recurrir a la tortura?  
La sociología también puede estudiar la tortura y, en general, las formas de represión social como aspectos del conflicto de clases en una sociedad concreta, o como expresión de las contradicciones internas a que puede abocar una determinada organización social. La psicología, por otra parte, estudiará la personalidad de quienes ejecutan los actos de‑tortura, las formas psicológicas de tortura, o las reacciones psicosomáticas del torturado. Finalmente, la psicología social estudiará la tortura como una forma de relación humana (por irónico que pueda aparecer este calificativo en el presente caso) y, por tanto, como un proceso que no puede explicarse simplemente a partir de la realidad de los individuos que en él participan. ¿Cómo puede mentalmente una persona llegar a convertirse en torturador?
¿Cuál es el significado social del proceso de tortura?
¿Cómo reaccionan las personas a la tortura?
¿Qué efectos transitorios y permanentes produce en los grupos sociales el peligro real de la tortura?
La tortura es, desgraciadamente, un acontecimiento cotidiano, pero que afecta a pequeños sectores de la población.

RECUADRO  1
TORTURA
"Cuando ingresamos en el citado cuerpo de seguridad de ininediato me arrancaron a tirones la ropa hasta quedar desnudo y sienipre vendado y esposado fui sometido a un interrogatorio... Tales interrogatorios duraban desde dos horas y media hasta cinco o seis lloras seguidas, sintiendo el calor de presumibiemente potentes reflectores y temblores a raíz de los choques eléctricos recibidos... Cuando me veían desfallecido, casi sin aliento y desmayado, ensangrentado y entumecido por los golpes y malos tratos, me iban a war conio si fuera un fardo a la celda que me habían asignado, en lit cual las cucarachas, los mosquitos, zancudos, moscas, ratas y gran cantidad de otros insectos pululaban entre los excrementos y orines, ya que la celda carecía de algún orificio en el suelo para que lit suciedad pudiera salir... Cuando llegaban a buscarme para otro inlerrogatorio y no podía moverme de debilidad por el hambre y la sed, así como por las lesiones que presentaba, me halaban de los pies y a puñetazos me hacían volver un poco en mí; al octavo día ine llevaron en un bote sucio con restos de pintura, un poco de agua ~ii la que habían unas cucarachas, pero era tan grande la sed que ine devoraba, que como pude, tomé entre mis manos tumefactas ese bote y bebí ávidamente su contenido, inclusive la cucaracha, cuya existencia dentro del agua comprobé hasta que la tuve en la boca; ese hecho me produjo un vómito inmediato, expulsando de nuevo el agua sucia que acababa de,ingerir, y quedando peor que anies. Así era la rutina durante los primeros veintiséis días‑‑‑.

( Festirrionio del reo político Reynaldo Cruz Menjívar. ECA, 1978, 360, 850‑858).




La vivienda.

Sin embargo, es una de las circunstancias claves en la vida de cualquier población. Según cálculos confiables, el 50% de la población salvadoreña carece de vivienda adecuada, es decir, que reúna unos mínimos esenciales de espacio, seguridad, servicios e higiene. Una de las formas más típicas de vivienda popular en El Salvador es el llamado mesón (del que volveremos a hablar más adelante). El mesón o casa de vecindario genera una especie de sistema social especialmente determinado que constriñe la vida de los inquilinos e induce particulares formas de comportamiento. La vida en el mesón representa uno de los capítulos más importantes o, por lo menos, más comunes de la vida social salvadoreña (ver Recuadro 2).
            La sociología estudiaría la vida en el mesón con respecto al problema de la vivienda, su demanda y oferta, así como los movimientos migratorios, económicos y laborales vinculados con ella. También estudiaría las formas de organización familiar y comunitaria que se producen en estas circunstancias, las clases sociales involucradas, la emergencia de economías marginales, y los procesos de delincuencia y anomia que aparecen vinculados a esta forma de vida.         La psicología social, por su lado, se interesaría también por muchos de los aspectos estudiados por la sociología , pero examinaría más particularmente la vida del mesón como un sistema de interacción humana, con unos mecanismos y procesos peculiares de comunicación, donde los requerimientos de las necesidades de unos y otros van generando normas explícitas o implícitas de convivencia, y donde las fuerzas de los miembros dan sentido a los conflictos y a la estructuración de las relaciones y comportamientos.


RECUADRO 2
LA VIDA EN EL MESON

Angela se encarga de atender las necesidades familiares. A las seis de la mañana se levanta y va a la tienda a comprar las cosas pa­ra el desayuno. Cuando se va Carlos (su esposo), lava en el patio y miende al desayuno del niño. Después, desayuna ella, arregla la pieza y se queda allí, leyendo el periódico o entreteniendo el tiem­po. Hacia las once vuelve a salir a la tienda, a comprar las cosas pa­¡a el almuerzo. Después, descansa en la pieza, leyendo el periódico o dormitando. Hacia las tres, sale con el niño a caminar por el pa­t ¡o. A veces le compra una paleta donde la Niña Lupita, y algunas iardes se quedan en la pieza de ella, viendo televisión.‑‑‑Antessalía al parque con el niño; pero desde que oí cómo la Ana María decía que la señora de José Luis había salido toda una mañana para irse a un hospedaje con otro hombre, ya no me gusta salir. Unicamente salgo los domingos con Carlos".
Angela es bien considerada por sus vecinos, aunque ella trata (le eludir el conversar frecuentemente con otras mujeres para evitar la acusación de "chambrosa" (murmuradora).

(1 lerrera Morán, A. y Martín‑Baró, 1. Ley y orden en la vida del mesón. ECA, 1978, 3M), 803‑828)


Las manifestaciones callegeras                

En los momentos de agudización de los conflictos sociales, los pro­cesos de grupo adquieren una especial importancia. Las manifestaciones callejeras (ver Recuadro 3), las huelgas laborales y políticas, las ocupa­ciones de edificios y otras acciones semejantes alteran la evolución nor­mal de la cotidianidad establecida. Los grupos (y las personas) tienen que adoptar decisiones para las que no tienen normas claras y a veces ni si­quiera criterios orientadores.       En uno de los múltiples conflictos laborales que se plantearon en San Salvador en 1979, los trabajadores de una fábrica nacional ocuparon las instalaciones y retuvieron a un buen núme­ro de rehenes, sobre todo de mandos intermedios. Reunidos los propieta­rios y administradores de la fábrica, consideraron las peticiones de los huelguistas, peticiones en su conjunto muy razonables y a las que la fábrica podía atender sin mayor dificultad. Mientras el gerente de la fábrica era partidario de acceder a las demandas de los huelguistas y ocu­pantes, el principal accionista adoptó la postura dura de no negociar en tanto los rehenes no hubieran sido liberados. Los días empezaron a pa­sar, sin que el grupo propietario flexibilizara su postura. Tras un mes de ocupación, y unos minutos antes de que fuerzas de seguridad recupera­ran violentamente la fábrica, los obreros la abandonaron y ‑no se sabe si intencional o casualmente‑ la fábrica fue incendiada, quedando total­mente destruida.
Las huelgas y su resolución son acontecimientos de gran significado para las ciencias sociales, aunque, lamentablemente, la corriente domi­nante de científicos sociales ha rehuido a menudo el estudio profundo de las formas concretas de conflicto social.
La sociología se interesa por una huelga en la medida en que expresa las áreas problemáticas en el funcionamiento de una estructura social, y en cuanto revela los dinamismos que pueden alterar un ordenamiento social concreto. La psicología social se interesa, sobre todo, por la interacción de personas y grupos que se produce en el desarrollo del proceso conflictivo.
Ante situaciones para las que no existen claras prescripciones,
¿cómo se llega a adoptar una de­cisión?
¿Cómo y por qué llegaron los trabajadores a la decisión no sólo de declararse en huelga, sino de extremar su postura mediante la ocupa­ción de la fábrica?
¿Cómo y por qué la dirigencia de la fábrica decidió adoptar una postura totalmente intransigente, y, a pesar de los obvios peligros, la mantuvo hasta el final?
¿Cómo intervinieron las distintas personalidades y factores, en juego en el proceso de adoptar esas deci­siones que condujeron a consecuencias tan desastrosas?
¿Hubo algún ti­po de liderazgo en las decisiones de trabajadores y propietarios?
¿Qué determinó ese liderazgo y cómo fue ejercido?


RECUADRO 3
UNA MANIFESTACION POPULAR

Contra la voluntad de la extrema derecha y del sector prooligárquico de la Fuerza Armada, a pesar de la supresión del transporte público, a pesar de los retenes en las ciudades del interior del país, a pesar de las amenazas, los rumores, a pesar de la agresión abierta a comunidades rurales para impedir su asistencia, se oyen las voces de los organizadores, la cabeza de manifestantes da los da los primeros pasos... ¡el desfile se ha iniciado!  
Hacia el oriente, sobre la calle Rubén Darío, miles de simpatizantes y observadores se agolpan para ver pasar y saludar a las organizaciones. El espectáculo es epopéyico. Una verdadera verbena popular, con colores, proclamas y canciones.
¡Pueblo que lucha, triunfa!
¡Pueblo que lucha, triunfa!
¡El pueblo unido jamás será vencido!
¡El pueblo unido jamás será vencido!

El primero en avanzar es el partido UDN que, movilizando a mas de 25,000 personas, pasa entre banderas rojas y amarillas. llevan mantas con inscripciones alusivas a la Unidad, con exigencias sobre el cese de la represión y la libertad para los reos políticos.
Enormes carteles, sobre armazones de madera y rodos, avanzan luciendo proclamas de solidaridad. Entre los grupos que desfilan bajo las banderas del UDN van el Partido Comunista Salvadoreño, la, Juventud Comunista, la Asociación de Estudiantes Salvadoreños, el Frente de Acción Universitaria y una delegación de la Confederación Unitaria de Trabajadores Salvadoreños.

¡Pueblo: únete!
¡Pueblo: únete!
¡Pueblo: únete!

(Francisco Andrés Escobar.. En la línea de la muerte (La manifestación del 22 de enero de 1980). ECA, 1980, 37", 21‑35).



EXAMEN DE LOS TRES CASOS

Un examen de los tres casos presentados ‑tortura a un prisionero, la vida diaria en un mesón urbano, y el desarrollo y resolución de una huelga‑ y el tipo de preguntas que la psicología social se formula, nos permite llegar a una delimitación provisional del objeto de la psicología social.
       Ante todo, es claro que la psicologia social no es lo mismo que psicología de los grupos (pequeños o grandes). La psicología social ciertamente analiza procesos grupales como la toma de decisiones en una huelga.                 Pero la psicología social también estudia la acción de personas individuales, como el torturar o la jornada normal de una mujer al interior de un mesón.           
       Social no es lo mismo que grupal, aunque todo grupo hu­mano es Obviamente de naturaleza social. Lo social es una categoria mas amplia que con perfecto derecho se aplica también a los individuos humanos (personas sociales). La constante de la psicología social en los ejemplos examinados, es decir, lo específico social es el atender a la acción de individuos o grupos en cuanto referida o influída por otros indi­viduos o grupos.
            En la medida que una acción no es algo que se puede explicar adecuadamente a partir del sujeto mismo, sino que, explícita o implícitamente, en su forma o en su contenido, en su raíz o en su intención, esté referida a otro y a otros, en esa misma medida la acción es social y cae bajo la consideración de la psicología social.

Las personas no somos seres arrojados al vacío, sino que formamos parte de una historia, nos movemos en una situación y circunstancia, actuamos sobre las redes de múltiples vinculaciones sociales. La psicología social trata de desentrañar la elaboración de la actividad humana en cuanto es precisamente forjada en una historia, ligada a una situación y referida al ser y actuar de unos y otros. La pregunta central sería entonces hallar en qué medida una determinada acción ha sido configurada por el influjo de otros sujetos, de qué manera su sentido total le viene precisamente de su referencia esencial al ser y hacer de los demás.
Tenenemos así una primera aproximación al objeto de estudio de la psicología social:
La acción humana, individual o grupal, en cuanto referida a otros.
            La mayoría de autores utiliza variantes de este tipo de definición. Como dice Gordon W. Allport (1968, pág. 3) en su síntesis histórica sobre la psicología social, "con contadas exepciones, los psicólogos sociales consideran que su disciplina es un intento por comprender y explicar la manera en que los pensamientos, sentimientos y comportamientos de los individuos son influidos por la presencia actual, imaginaria o implícita de los demás".
En nuestro medio, Jesús Arroyo (1971, pág. 16) definió la psicología social como "aquella parte de la psicología que se ocupa del estudio de la conducta humana en el aspecto en que está referida a los demás, estimulada o reaccionada, que implica (la conducta) una conciencia social conforme a situaciones múltiples metaindividuales, en cuanto dicho comportamiento requiere de asociaciones motivadas por las necesidades individuales y del grupo".

Esta primera aproximación al objeto de la psicología social nos orienta hacia el comportamiento en cuanto relación, es decir, al influjo interpersonal.
Es importante, entonces, preguntarnos cuál es la esencia última del influjo interpersonal, no en un sentido metafísico, sino en un sentido empírico.
En otras palabras, ¿en qué consiste el influjo interpersonal reducido a sus mínimos elementos?
Esta pregunta ha sido una de las primeras en formularse experimentalmente. Ya en 1897 N. Triplett trataba de averiguar qué influjo tenía en ciertas competencias ciclísticas y en ejercicios de ritmo la presencia de observadores. De alguna manera, todos hemos tenido la experiencia de sentirnos espoleados a ‑correr más o a desempeñarnos mejor cuando sabemos que alguien nos está observando. Sin embargo, probablemente también habremos experimentado cierto embarazo e incluso agarrotamiento cuando nos ha tocado hablar ante un numeroso público o realizar alguna tarea difícil en presencia de mirones‑(peor aún si la presencia es de algún capataz o supervisor).
¿Cómo influyen los demás en nuestro comportamiento?
¿Es la presencia de espectadores o compañeros un estímulo positivo o un obstáculo para el desempeño de la actividad humana?
En otras palabras,
¿hay alguna diferencia entre realizar una acción en solitario y realizarla ante otros?
¿La ejecución de esa acción mejora, empeora o es igual?

Muchos autores han investigado estas cuestiones experimentalmente. En 1920, Floyd Allport publicó los resultados de una serie de experimentos en los que comparaba los resultados entre realizar una serie de experimentos en los que comparaba los resultados entre realizar un serir de trabajos en solitario o en compañía de otros.  
Las tareas examinadas eran re­lativamente sencillas, como asociar palabras, realizar ciertas operaciones aritméticas, o tratar de distinguir entre pesos y olores. Allport halló que, en general, la presencia de otras personas influía positivamente en las tareas, con la excepción de la solución de problemas y ciertos juicios. Por ello, Allport señaló que la presencia de los otros constituía un estímulo "facilitador" de la conducta, y calificó este influjo como una “facilitación social”.
Ciertamente, estos resultados parecían conformarse al modelo conductista propuesto por Watson para la psicología según el cual podía explicarse todo comportamiento como un encadenamiento de estímulos y respuestas, sin tener que profundizar en el interior inaccesible de las personas. Según Allport, la presencia de otros era un estímulo facilitador en la ejecución de las propias respuestas. El calificativo de "social‑ se debía a que el ‑estímulofacilitador‑ lo constituían otras personas. Todavía en la actualidad psicólogos sociales de orientación conductista consideran que la psicología social debe estudiar ‑lasreacciones de un individuo a los estímulos socialmente relevantes" (Berkowitz, 1975, pág. 8). En este sentido, el influjo interpersonal sería un simple influjo externo, de orden casi mecánico.
 En 1928, L. E. Travis repitió algunos de los experimentos de Allport, pero con sujetos tartamudos. Los resultados obtenidos fueron contrarios a los de Allport, es decir, las personas lograban un rendimiento mejor trabajando en solitario. En general, una de las características más interesantes en los experimentos sobre “facilitación social” es la aparente inconsistencia de los resultados. De hecho, la ejecución de ciertas respuestas motoras o de ciertas asociaciones suele mejorar con la presencia de otras personas, mientras que el aprendizaje de sílabas sin sentido, o ciertas tareas de memorización empeoran cuando se realizan en público.
Tratando de encontrar un principio que pudiera dar cuenta de unos y otros resultados, Robert B. Zajonc (1971, pág. 80) propuso en 1965 que la presencia de espectadores facilita el emitir respuestas bien aprendidas, mientras que obstaculiza el aprender nuevas respuestas; en otras palabras, "la presencia de espectadores facilita la ejecución y obstaculiza el aprendizaje. Según Zajone, este efecto se explicaría porque la presencia de otras personas es un estimulante, que excita o activa al sujeto, el cual incrementará la emisión de la respuesta dominante a la situación en que se encuentra. Por tanto, si la respuesta dominante del sujeto es la respuesta correcta (como sucede en tareas bien aprendidas), obviamente mejorará la ejecución; pero si la respuesta dominante es una errónea (como sucede cuando aún no se ha aprendido a ejecutar un ejercicio o a desempeñar una tarea), la mayor excitación incrementará la emisión de respuestas erróneas.
La solución de Zajonc al problema de la facilitación social se basa en el modelo sobre aprendizaje de Huil (1943), según el cual el potencial de reacción en un momento determinado depende de la interacción entre la fuerza del hábito y la pulsión:

E = f (D x H)              E = Potencial de reacción (energía)
                                    D = Pulsión (drive)
                                    H = Hábito

Segun Zajonc, la presencia de otras personas constituye una fuente de incremento pulsional para el individuo, pero como tal, se trata de una energetizaci o activación genérica, que no determina de por sí una dirección de la conducta. En cada caso será la respuesta dominante la activada por el aumento pulsional, es decir, la ‑facilitada‑ socialmente.

A pesar de la aparente elegancia de esta conclusión, el problema sobre el efecto de la presencia de otros en el comportamiento de un individuo está lejos de haber sido zanjado definitivamente. Apenas tres años mas tarde de que Zajonc propusiera su solución al problema, Nickolas B. ( cottrell (1968, 1972) señalaba que la mera presencia física no parecía sufuciente para explicar el fenómeno de la facilitación.  
Según Cottrell, el incremento pulsional es mediado por la conciencia del sujeto que se siente ansioso ante la eventualidad de que los presentes evalúen su comportamiento.
El individuo experimenta esta "aprensión evaluativa" como la llama Cottrell, ya que la presencia de otros le lleva a anticipar las eventuales consecuencias negativas que su conducta le puede acarrear. En este sentido, la presencia de otros se convierte en una señal desencadenante de la anticipación temerosa.

En la misma línea de pensamiento, Henchy y Glass (1968) opinaron que el incremento pulsional es mediado por el temor de los individuos a se juzgados.
De ahí que si la audiencia no constituye una presencia evaluativa, la respuesta dominante no resulte significativamente “facilitada”. Ahora bien, Weiss y Miller (1971) ampliaron este punto de vista al afirmar que la aprensión evaluativa sólo es efectiva cuando el sujeto espera o anticipa que la presencia de otros le va a acarrear resultados negativos.
Estos autores confirman en lo fundamental la solución de Zajonc y mantienen los supuestos del modelo de Hull. Sin embargo, plantean el problema a un nivel más complejo y, ciertamente, más realista o, si se quiere, más humano.
Lo que se pone en cuestión es que la presencia de otras personas tenga un efecto de orden mecánico o automático sobre el comportamiento de un individuo. De hecho, dos aspectos parecen mediar el efecto de la presencia de otros:
La conciencia de esa presencia, y
Su particular significación.

Por un lado, parece evidente que la presencia de otros sólo puede afectar al sujeto cuando éste es consciente de esa presencia, a no ser que se quiera suponer la existencia de efluvios misteriosos o parapsicológicos.
El mismo Zajonc (1972, pág. 8) indicó posteriormente que por lo general el individuo sólo se siente afectado por la presencia de los otros cuando sale de un ambiente relativamente sereno y tiene que prestar atención al hecho de que hay espectadores o personas presentes.
Dicho de otra manera, el influjo de la presencia de los otros pasa por el filtro del propio individuo, que cae en la cuenta de esa presencia. Por otro lado, la conciencia siempre es una conciencia de algo; los otros presentes tienen una significación para el sujeto, quien valora positiva o negativamente esa presencia y anticipa las consecuencias buenas o malas que le puede acarrear. Así, la presencia de otras personas pondrá nerviso al individuo o le dejará tranquilo, le estimulará o le será indiferente, le agradará o le molestará.

Más recientemente, Zajonc ha retomado el tema y ha precisado su posición. Evidentemente, Zajonc (1980, págs. 41‑2) reconoce que hablar de una "mera presencia" de otras personas constituye una abstracción que no existe en la realidad. En la vida, toda presencia tiene algún sentido, por mínimo que sea, y ese sentido es fuente principal de estimulación social. Sin embargo, Zajonc mantiene que hay efectos producidos por la presencia de los otros que no son atribuibles al sentido de esa presencia, sino al dato (abstracto, en el sentido de una variable experimental independiente) de la "mera" presencia, y que esos efectos consisten en un incremento pulsional no directivo en el individuo. Recientes revisiones del tema (Geen, 1980; Geen y Gange, 1977) han tendido a sustentar esta visión de Zajonc.

Con todo, la postura de Zajonc sigue siendo insatisfactoria, no porque se niegue el influjo activador sobre el sujeto de la presencia de otros , sino porque ese influjo se produce necesariamente en un contexto más amplio. El esquema de Zajonc despoja al proceso de relación o influjo social de su carácter específicamente social.
Incluso en el caso de una mera presencia, es decir, en el caso de una presencia pasiva en la que no hay ningún otro tipo de acción interpersonal, el influjo que se produce es precisamente social porque ocurre a través del significado que unos sujetos tienen para otro. Más aún, si se acepta que la mera presencia es una abstracción que nunca tiene lugar en la realidad, es porque se reconoce también que la activación mutua de las personas se produce a través de la conciencia que las unas tengan de las otras, es decir, de las significaciones que las vinculan siempre sobre el supuesto de que no se da más que una presencia pasiva de los unos ante el otro. En este sentido, Richard Borden (1980) ha propuesto recientemente una modificación al esquema de la facilitaci6n social, según el cual el sujeto interpreta activamente la situación de los otros presentes y trata de lograr la mejor evaluación posible de su propio comportamiento. Ahora bien, Borden insiste en que este esfuerzo por lograr una evaluación optima será tanto mayor cuanto más importante o significativa socialmente considere el sujeto que es su acción.

Fuera del laboratorio, en la vida real, las cosas son todavía menos puras", pero quizás más claras. El influjo interpersonal no es algo mecanico. La excitación de una persona por la presencia de otros no proviene únicamente del hecho de que se domine o no una acción o tarea, quiza el dominio no sea ni siquiera la principal variable en juego. A un nivel más básico, influye en la excitación el tipo de tarea que se está reali­zando y la significación que para las personas presentes (el actor y los observadores) tiene esa tarea. La presencia de otros me influye de manera distinta si estoy realizando mis labores de aseo cotidianas, si voy a torturar a otra persona, si estoy representando una obra teatral o si estoy intentando de resolver un complicado problema de matemáticas.
 Ob­iamente, todas estas tareas suponen un aprendizaje por mi parte, pero, de una manera mucho más importante, estas tareas tienen un contenido de valor, una significación social, aparte de que su producto tiene efectos muy distintos en mí mismo y en la sociedad en la que vivo. Toda tarea, aprendida o no, sea o no una "respuesta dominante", tiene una significación ­que es resaltada, positiva o negativamente, por el hecho de que la sociedad se hace reduplicativamente presente a través de los otros.
   Un guardia puede verse estimulado por la presencia de otros guardias para torturar a un prisionero (ver Carpio, 1979), pero se sentiría totalmente cohibido para realizar la misma operación delante de sus padres o de sus propios hijos.
   El otro, no es simplemente “una persona presente”; es un espectador, un crítico, un amigo, mi jefe, mi profesor o mi esposa.

El influjo interpersonal, es decir, aquello que constituye una acción como social y que estudia la psicología social, no es un proceso de simple conexión externa entre un estímulo y una respuesta ya constituídos. Se trata más bien de un elemento interno a la misma acción, que adquiere una significación transindividual en esa referencia a los otros, y mediante esa significación recibe un impulso estimulante o un impulso inhibidor.




El problema fundamental sobre la facilitación social‑

Consiste en preguntarse qué es lo que se facilita y qué es lo que se dificulta en una determinada sociedad o grupo social en un determinado momento histórico y para una determinada persona. Sólo en segundo lugar interesa preguntarse cómo, a través de qué procesos y mecanismos concretos, este influjo tiene lugar.
Cuatro elementos son esenciales para que se dé un influjo interpersonal:
Un sujeto,
Los otros,
Una acción concreta y
Un sistema o red de significaciones propio de una sociedad o de un grupo social.


Toda acción se realiza en la tela de este sistema de significaciones, que constituyen la interioridad del acto mismo más allá de su forma externa. Así, el influjo interpersonal, la relación del quehacer de una persona a otra persona, no es algo genérico o abstracto en la conducta, ni mucho menos algo sobreañadido a la acción ya constituida. Se trata, por el contrario, de algo bien concreto y algo constituyente. Concreto, ya que es esta o aquella relación con tal o cual persona o grupo en tal o cual situación. Por otro lado, se trata de algo intrínseco al acto ‑su significación‑, que es como la imagen que el sujeto trata de actuar.
Una acción humana no es una simple concatenación de movimientos, sino la puesta en ejecución de un sentido: torturar a un enemigo, o castigar a un subversivo, o darle una lección a este inmundo comunista, o mostrar que soy muy macho y puedo hacer sentir mi superioridad a esta alimaña socialista.

La psicología social estudia pues al comportamiento humano en la medida en que es significado y valorado, y en esta significación y valoración vincula a la persona con una sociedad concreta.

Se trata de encontrar las referencias concretas entre cada acción y cada sociedad. En definitiva, la psicología social es una ciencia bisagra, cuyo objetivo es mostrar la conexión entre dos estructuras:
La estructura personal (la personalidad humana y su consiguiente quehacer concreto) y
La estructura social (cada sociedad o grupo social específico).

En otros términos, la psicología social pretende examinar la doble realidad de la persona en cuanto actuación y concreción de una sociedad, y de la sociedad en cuanto totalidad de personas y sus relaciones. La psicología social examina ese momento en que lo social se convierte en personal y lo personal en social ya sea que ese momento tenga carácter individual o grupal, es decir, que la acci6n corresponda a un individuo o a todo un grupo.

A la luz de este análisis, podemos proponer una definición más significativa de la psicología social como el estudio científico de la acción en cuanto ideológica.

Al decir ideológica, estamos expresando la misma idea de influjo o relación interpersonal, de juego de lo personal y social; pero estamos afirmando también que la acción es una síntesis de objetivividad v subjetividad, de conocimiento y de valoración, no necesariamente consciente, es decir, que la acción está signada por unos contenidos valorados y referidos históricamente a una estructura social.

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