viernes, 1 de julio de 2011

W de Wikileaks 39 De los gansters economicos a diplomaticos S.A.


Libro de Bruno Cardeñosa
W de Wikileaks
Libros Cupula



39


DE LOS GÁNSTERS ECONÓMICOS
A DIPLOMÁTICOS S.A.

Wikileaks ofrece una perspectiva para entender algo más el funcionamiento del mundo en el que vivimos. Puede servirnos para interpretar las noticias del día a día de un modo distinto.
Por ejemplo, para entender por qué en Irak pasaron unas cosas que en Arabia Saudí no ocurrieron cuando los pecados de los líderes de esos países podrían ser los mismos.
O para entender por qué el mundo más poderoso piensa y actúa de una forma en relación a Colombia y de otra en relación a Venezuela. O por qué no hace mucho Irán era un nuevo amigo y hoy es un enemigo.

La política exterior de Estados Unidos no es política.
La Casa Blanca es la oficina gestora de los intereses económicos del país.
Casi no hay frontera entre el gobierno y el mundo de la gran empresa.
El poder se ha convertido en un tentáculo más de un gigantesco pulpo que lo abarca todo. Los cables revelados muestran el interés de los diplomáticos por favorecer a las multinacionales norteamericanas a cualquier precio.
El chantaje llega a límites insospechados, porque el ejercicio de presión de los diplomáticos es intenso al respecto, llegando incluso a poner sobre la mesa las buenas relaciones entre los países por el hecho de otorgar tal o cual contrato a las multinacionales del país aunque sea en detrimento de las nacionales.
Una de las empresas que aparece «representada» por los diplomáticos es Chas T. Main.
En cuanto descubrí ese nombre, de inmediato rercordé la historia que relato a continuación.

El protagonista se llama John Perkins.
De su biografía podemos destacar los siguientes datos: nació en Hanover, estado de New Hampshire (Estados Unidos), en 1948.‑Sus estudios universitarios estuvieron dirigidos hacia la economía y la empresa.
Se doctoró por la Escuela Universitaria de Boston. A comienzos de los años setenta entró a formar parte de Chas T. Main, una empresa de ingeniería energética fundada a finales del siglo XIX y que desde entonces levanta y desarrolla proyectos en numerosos países.
Pero la llegada de Perkins a esta empresa fue diferente a la de cualquier otro empleado.
Y es que su desembarco allí se produjo tras haber sido contratado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la mayor agencia de inteligencia del país, para servir a Estados Unidos como socio financiero.

Llevó a cabo su trabajo durante más de dos décadas. Como empleado de Main su misión era implantar y supervisar los proyectos de su empresa en países de Asia y América del Sur. Tales proyectos consistían en la construcción de infraestructuras relacionadas con la energía y los recursos naturales de esos países.
Pero la realización de los proyectos sólo era la fase final de un plan que, en ocasiones, rozaba lo perverso.
“Que nadie se entere de tu actividad. Ni siquiera tu mujer. Cuando uno entra en esto, es para toda la vida», le dijo la persona que se encargaría de instruirlo en la que sería su misión, que el define como un ejercicio de gansterismo económico que une bajo un mismo interés a gobierno, diplomáticos, servicios de inteligencia, banca y empresas”.

Perkins escribió en sus memorias que hay cientos de gánsters económicos en las grandes multinacionales.
Y que una gran parte de ellos ha recibido la misma formación que él.
Cuando sus instructores le explicaron cómo sería su trabajo, lo hicieron con las siguientes palabras:

“Tu objetivo será estimular a líderes de todos los países para que entren a formar parte de la extensa red de intereses comerciales de Estados Unidos en todo el mundo. En último término, esos líderes acaban atrapados en la telaraña del endeudamiento, lo que nos garantiza su lealtad. Así, podremos recurrir a ellos siempre que lo necesitemos, y de este modo satisfacer nuestras necesidades políticas, económicas o militares. A cambio, ellos consolidan su posición porque traen a sus países complejos industriales, centrales generadoras de energía y aeropuertos. Y los propietarios de esas empresas, casi siempre estadounidenses o de países de nuestra órbita, se hacen inmensamente ricos”.

Uno de los países en los que Perkins trabajó fue Ecuador. Sus actividades y los objetivos de su misión allí dibujan bien a las claras cómo son los ritmos que marcan la realidad del planeta y de una de las más poderosas herramientas de dominio: la deuda exterior.
El juego de los gánsters económicos es proveer a los países pobres de los mecanismos necesarios para poder extraer las riquezas naturales de las que disponen.
En Ecuador se descubrieron enormes bolsas de petróleo en el Amazonas que han convertido al país en uno de los diez prime­ros proveedores de crudo de Estados Unidos.
Pero ese petróleo surgió en zonas donde la pobreza era acuciante. Entonces el país fue apoyado mediante créditos para favorecer el desarrollo. Al mismo tiempo, los gánsters económicos como Perkins negocia­ron el reparto de los beneficios una vez que hubieron conseguido que el gobierno local permitiera a la empresa extranjera fabricar torres de extracción y plantas de refino de crudo.
En el caso de Ecuador:
Las multinacionales extractoras se llevaban el 75 por ciento del dinero generado por el petróleo. Y, del 25 por ciento restante, el gobierno de Ecuador debía abonar dos terceras par­tes para pagar la deuda exterior. No existía la posibilidad de de­cir que no a esa propuesta.

Así explica Perkins el funcionamiento de este sistema en su pri­mera fase:

«Somos hábiles. Hemos aprendido las lecciones que nos ha enseñado la historia. La sutileza de los constructores de este im­perio moderno deja en evidencia a los generales romanos, a los con­quistadores españoles o a las potencias coloniales europeas de los siglos XVIII y XIX.
No usamos armaduras ni uniformes. En países como Ecuador, Nigeria o Indonesia vamos vestidos como los maes­tros de escuela. En Washington y París adoptamos el aspecto de burócratas y banqueros. Inspeccionamos las obras de ingeniería y visitamos las aldeas depauperadas en donde se encuentran las ri­quezas. Profesamos el altruismo y hacemos declaraciones en los pe­riódicos locales sobre los maravillosos proyectos humanitarios a que nos dedicamos.
Somos personajes públicos. Sin nada que ocul­tar. O por lo menos nos presentamos como tales y como tales se nos acepta. Así funciona el sistema. Pocas veces hacemos nada ilegal, porque el propio sistema está edificado sobre el subterfugio. »


Los mecanismos para crear deuda pueden fallar por varias ra­zones.
Podría ser que los gobiernos no aceptaran las directrices de las grandes corporaciones y decidieran no claudicar ante el sistema de créditos a devolver, con intereses incluidos.
Podría pa­sar que por decisión de los líderes locales el reparto de los benefi­cios del petróleo no fuera tan provechoso para las empresas ex­tranjeras.
Entonces, como explica Perkins, entran en juego los chacales.
Y éstos sí que son émulos de los representantes de aque­llos imperios antes mencionados.
Los chacales actúan de diversas formas, pero ya no pueden sostenerse sobre la legislación que contribuyeron a crear los gánsters económicos.
Entonces es cuando ocurren «cosas»: aten­tados, muertes sospechosas, secuestros, revoluciones.
Según ex­plica Perkins, en Ecuador los chacales pusieron en funcionamien­to su maquinaria de mentiras, amenazas y sobornos.

Explica “el arrepentido” que se intentó transmitir a la opinión pública que el presidente Jaime Roldós, el primer mandatario elegido democrá­ticamente en Ecuador, era un nuevo Fidel Castro. Pero Roldós insistió en su plan: si alguna empresa extranjera quería instalarse en el país, debía poner en marcha proyectos de utilidad para el pueblo y reducir sus porcentajes de beneficios.
Roldós presentó su plan en contra del sistema creado en un mitin que ilusionó al país en el Estadio Olímpico Atahualpa de Quito. No había cedido a las presiones. Tras el acto, ocurrió algo extraño: un miembro de su equipo de seguridad le hizo ver la posibilidad de que su helicóptero tuviera problemas.
 «Debes via­jar en otro», le dijo. Pocos minutos después, ese segundo artefac­to estallaba y se incendiaba. Roldós murió.
Su sustituto al frente del país fue Oswaldo Hurtado. Las com­pañías petroleras que habían sido expulsadas, y otras encargadas de la creación de infraestructuras, pudieron regresar.
Se llegó a un acuerdo con la empresa Texaco para la extracción del petróleo.
El reparto de dividendos sería el de antaño: casi todo para la multi­nacional y las minucias para las arcas del Estado. Todo había vuelto a la «normalidad»: los chacales habían triunfado.
En raras ocasiones los gánsters económicos primero y los chacales después fallan.
Pero hay excepciones. Y Perkins cita, por ejemplo, los casos de Afganistán e Irak. Es entonces cuando se envía a la juventud estadounidense a matar y morir, en ejérci­tos enormes y en nombre de la libertad.
Guerras de liberación, invasiones humanitarias, etcétera.

«Los gánsters económicos somos profesionales generosa­mente pagados que estafamos billones de dólares a países de todo el mundo. Canalizamos el dinero del Banco Mundial y de otras organizaciones internacionales hacia las arcas de las gran­des corporaciones. Entre nuestros instrumentos figuran los dictá­menes financieros fraudulentos, elecciones amañadas, sobornos, extorsiones y asesinatos. Este juego es tan antiguo como los im­perios, pero adquiere nuevas y terroríficas dimensiones en nues­tra era de la globalización. Yo lo sé»,

Sentencia Perkins, que con sus atinadas reflexiones dibuja a la perfección el funcionamiento de este sistema mundial de negocios en el que, como demuestran los cables descubiertos por Wikileaks, los embajadores y diplo­máticos tienen un papel trascendental.
Hoy, en Ecuador hay un nuevo Roldós.
El presidente Rafael Correa ha sido calificado en Estados Unidos como un personaje de la cuerda de Hugo Chávez o Evo Morales.
Los tres son objeto de numerosos ataques por parte de los embajadores norteameri­canos en sus respectivos países. Los tres han reducido el margen de beneficio de las grandes multinacionales que extraen recursos naturales, fundamentalmente petróleo y gas.
En los tres paises es tiempo de chacales.
Heather Hodges, la embajadora de Estados Unidos en ese país, elaboró un informe en agosto de 2009 en el que dibujaba la situación económica y política de Ecuador con gran detalle.
Este cable pone de manifiesto que, en muchos as­pectos, la presidencia de Correa está siendo buena para el país: la pobreza se reduce, el crecimiento no cesa y el producto interior bruto aumenta. El informe sugiere que tales beneficios han sido a costa del gasto público y la influencia del gobierno en la econo­mía.
No deja de ser curioso que para Hodges eso parezca un pro­blema, habida cuenta de que estas medidas han revertido en el bien de la sociedad.
Pero de cara al mundo entero ‑y a los me­dios de comunicación más importantes‑ Estados Unidos contri­buye de forma permanente a la criminalización de Correa. En ese mismo cable se señala que en tiempos recientes hubo una crisis en las relaciones entre los dos países debido a la expulsión de dos diplomáticos.
Y aunque la embajadora no lo dice, la salida del país de los dos miembros de la legación se debía a que se trataba de agentes de la CIA que estaban ejerciendo influencia en la Policía Nacional.
No deja de ser curioso que un año después, el intento de golpe de Estado contra Correa se gestara y ejecutara en el seno de los cuerpos policiales.

La embajadora también presionó ‑según los informes secretos‑ al gobierno de Ecuador para que endureciera el acceso al país, ya que según la Casa Blanca, la laxa legislación al respecto estaba favoreciendo la llegada de africanos que huían de las guerras étnicas, chinos que pretendían establecer negocios en América, cubanos que buscaban salida hacia Estados Unidos desde allí o ciudadanos de Europa del Este que acabarían por contribuir al incremento de la delincuencia. Según revelan los cables, Correa se defendió de las acusaciones de Estados Unidos aludiendo a su concepto humanitario de la inmigración.
Pero, finalmente, tuvo que implementar medidas de control para reducir el número de visados a extranjeros de determinados países.
La radical xenofobia es otra de las características del ejército diplomático de Estados Unidos. Además, los informes demuestran que el gobierno de Colombia pidió que se espiara al gobierno de Ecuador.

Pocos días después del estallido del cablegate, se extendió la noticia de que Ecuador podría acoger a Julian Assange para evitar su encarcelamiento y traslado a Estados Unidos. En realidad, fue el vicepresidente Kintto Lucas quien efectuó el ofrecimiento, pero el propio presidente Rafael Correa salió al paso asegurando que defendía la filtración de Wikileaks ‑los presidentes de Ecuador, Venezuela y Brasil han sido los únicos en defender abiertamente a Assange‑, pero que su gobierno no podía involucrarse directamente concediendo el asilo al editor australiano.
«Eso sí, como consecuencia de lo revelado en los documentos, las relaciones entre los países de América Latina y Ecuador pueden quedar muy lastimadas»,

Señaló. Y es que esos documentos demuestran que Estados Unidos se sirvió de Colombia cuyo gobierno conservador es el más próximo a la Casa Blanca‑ para espiar y con­trolar a los países que en los últimos años habían apostado por la nacionalización de los recursos naturales y el recorte en el mar­gen de beneficios de las multinacionales que los explotaban.

En el caso de España, uno de los más notables ejemplos de presión para beneficiar a empresas norteamericanas tiene que ver con la búsqueda de una ley antidescargas de internet que fuera dura y ejem­plar contra quienes facilitaran y consumieran música, cine o li­bros en Internet.
En este aspecto, el gobierno español fue endure­ciendo año tras año su posición contra la piratería, llegando incluso a considerar como delincuentes a los usuarios que des­cargaban gratis contenidos protegidos por copyright.
En varias ocasiones la justicia sentenció a favor de los acusados contradi­ciendo la información que sobre el asunto difundía el gobierno con las mismas herramientas demagógicas que la propaganda bélica.
Al margen de dos realidades indiscutibles: la indefensión de los creadores ante la piratería y la existencia de una insólita «cultura» de lo gratuito y de desprecio hacia los autores por par­te de un gran público, lo cierto es que lejos de buscar la defensa de los intelectuales, el gobierno de Estados Unidos se erigió en defensor de las empresas editoras de discos y películas.

El embajador de Estados Unidos en España dibujó una socie­dad criminal «a mitad de camino entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo». Incluso elaboró una lista de páginas web que eran utilizadas para descargar contenidos protegidos. Trajo a Es­paña a empresarios de Hollywood y a la empresa AOL Time Warner para que se reuniernan con ministros y altos funciona­rios involucrados. Incluso se amenazó al gobierno español en 2007 con aparecer en la lista negra. Y finalmente así fue, pese a que cuando el PSOE ganó las elecciones en 2004, el embajador Eduardo Aguirre se mostró esperanzado debido a que numero­sos artistas, cantantes y actores se habían posicionado del lado del candidato que resultó vencedor, José Luis Rodríguez Zapate­ro, que entendía sería más favorable a las tesis que querían impo­nerse contra la piratería desde la Casa Blanca.
La lucha a favor de una red libre siempre ha sido un objetivo de Wikileaks. Assange ‑sin negar los derechos de propiedad intelectual, pero también los abusos de la comercialización de la cul­tura‑ no sólo fue el creador de sistemas informáticos basados en el software libre, sino que se convirtió en un activista a favor de esta lucha.
Wikileaks lo puso al servicio de aquellos filtradores que quisieran dar a conocer informaciones sobre los organismos que pretendieran un Internet sin libertad y dominado por empre­sas como Microsoft.

Un informe secreto capturado por Wikileaks y que se dio a conocer antes de los escándalos en los que estoy centrando este trabajo ofrece pruebas de las maniobras de un personaje llamado Jonathan Zick, presidente de ACT, empresa asociada a Micro­soft, que habría influido en la modificación de documentos de trabajo de la Unión Europea.
El documento es un informe desa­rrollado por consejeros de la Unión Europea pero que después fue revisado por ACT y otras empresas asociadas con el objetivo de atajar los intentos de implantar software libre con la colabo­ración ‑rendidos ante el poder económico‑ de los europarla­mentarios que dan la sensación en este informe de someterse a quienes son los dueños del software con licencia.
Aunque el gobierno español fue contundente y duro contra la piratería, a Estados Unidos aquello no le pareció suficiente. Alude en los cables diplomáticos a la indefensión en nuestro país de la industria musical y cinematográfica. De hecho, esa dureza gubernamental criticada hasta la saciedad por los internautas fue aprovechada por la oposición del Partido Popular para situarse del lado de los usuarios y en contra del gobierno. A tanto llegó la cosa que, en 2010, el nuevo embajador, Alan D. Solomont, pidió al líder de la oposición Mariano Rajoy que visitara la embajada de Estados Unidos para hablar sobre el asunto y para que modi­ficara su posición al respecto. A veces da la sensación de que son los diplomáticos norteamericanos quienes de verdad deciden las cosas importantes.
Por cierto, Rajoy se mostró inflexible: si su postura a favor de los internautas le daba votos, entonces no mo­dificaría su discurso pese a que internamente pudiera estar de acuerdo con las peticiones de Estados Unidos.
La presión en España respecto a asuntos relacionados con la empresa llegó a cotas delirantes cuando se pidió la intervención de una empresa española que vendía material a Siria o a los bancos Santander y Sabadell para que abandonaran sus proyectos en Irán debido a que allí se intentaba desarrollar la bomba atómica.
Mayores fueron las presiones sobre Repsol, una empresa que estaba muy bien situada para los contratos que iba a aprobar el gobierno de Irak pero que ‑pese al apoyo del presidente español Aznar a la guerra‑ se quedó casi sin nada.
A pesar de ello, desde 2007 Repsol pasó a formar parte de un consorcio para la explotación y refino de gas natural en Irán. Desde la embajada se hizo ver al presidente de la compañía que debía salir de ese país: «Evalúe el potencial impacto sobre la reputación de la compañía y el valor de las acciones.»
En suma: un chantaje. La embajada también bloqueó la posibilidad de que la empresa estatal Izar vendiera armamento a Irán en 2004.
« Seguimos con mucho cuidado las posiciones de España en este asunto. »

Realmente así era, porque años atrás, el cablegate demuestra que algunas empresas españolas no pudieron vender armamento a China debido a la presión efectuada desde la madrileña calle Serrano, en donde se encuentra la embajada de Estados Unidos.
Y el embajador decía aquello de vigilar las ventas en nombre del país que más armas vende a regímenes autoritarios en el mundo entero.

El 18 de febrero de 2009, el Departamento de Estado elabora un documento que resulta esclarecedor.
Es un listado que bien podría denominarse «el listado de la verdad».
Se trata de una exposición de las «Infraestructuras críticas y claves» del mundo que deben ser protegidas por Estados Unidos. La excusa es la de siempre: pueden ser objeto de ataques terroristas.

El listado comienza en África. Allí no hay que proteger a las personas, sino que la casi totalidad de lugares señalados son minas de bauxita, cobalto, manganeso, coltan, etc.
También en otros continentes aparecen minas de todo tipo como lugares clave, especialmente aquellas que contienen minerales necesarios para la fabricación de equipos tecnológicos e informáticos.
También sorprende que numerosos cables submarinos de fibra óptica en diversas partes del mundo aparezcan como objetos sensibles.
Así como las sedes de multinacionales norteamericanas en diversos países, con especial relevancia a las farmacéuticas  (llama la atención que se señale como lugares de vigilancia especial los centros que fabricaban los medicamentos contra la gripe‑A) y minerales. Por supuesto, los lugares estratégicos incluye oleoductos y gasoductos, además de algunas infraestructuras como puentes, canales (el de Panamá o Suez, por ejemplo) tránsitos fronterizos. Lo dicho: lo importante para los diplomaticos no son las personas.

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